La revolución es un acto humano de profunda inspiración espiritual. La meta que busca alcanzar la revolución es lograr a plenitud el bien común del pueblo. Esto pasa por asumir que la espiritualidad es la energía interior que manifiesta el sur humano para lograr la obtención de fines y propósitos (energía morfogenética). La espiritualidad es el motor que genera la acción revolucionaria. No puede haber revolución si no se siente el amor por el prójimo, si no internalizamos sentimientos humanos de desprendimiento y entrega para satisfacer el bien colectivo
Ente los factores que estimulan el surgimiento de la espiritualidad y que se aplican a la política, puedo mencionar cinco de ellos: la conciencia, el compromiso, la unidad del colectivo, la pertenencia y las virtudes sustentadas en principios y valores de alto contenido ético y moral. Factores que moldean el marco teórico del revolucionario. Factores que inducen al cambio conceptual de los elementos que le dan consistencia al realismo político, es decir: (i) definición de una postura económica frente a los medios de producción; (ii) elaboración de una clara actitud política frente al cambio en las relaciones sociales y de poder; y (iii) producción de una sólida posición ideológica frente a la concepción del mundo y la vida. Es entonces una correspondencia simbiótica la que existe entre la espiritualidad del ser revolucionario y la acciones políticas que generan los cambios estructurales de la sociedad.
La espiritualidad actúa como agente innovador de la conciencia revolucionaria. Su incidencia en tres aspectos estructurales del Proceso: bien común, poder popular y fuerzas propias, nos permite afirmar que el nuevo paradigma que ha establecido la revolución en Venezuela es consecuencia de la racionalidad política en conjunción con los sentimientos nobles que emergen del corazón humano. La espiritualidad nos conduce a la concepción de un nuevo sistema político cuya raíz es el bien común. Este aspecto es suficiente para entender que el Proceso Bolivariano nunca es ni será igual a los otros modelos políticos que se sostienen con base en el clientelismo o usufructo del poder. La democracia representativa (IV República), por ejemplo, no entiende la vida y al mundo desde una visión de amor hacia al prójimo. Lo hace sobre el marco capitalista cuya esencia lo define el beneficio y la acumulación hasta el valor infinito que produce el mercado. Su razón existencial es el consumo, el lucro, el egocentrismo, la competencia, la rivalidad. Diametralmente opuesto a lo que busca la revolución.
La diferencia entonces radica que en la revolución, lo espiritual permite que se direccione la acción política hacia la satisfacción de las creencias y prácticas basadas en el humanismo. El poder popular, por ejemplo, significa transferir, canalizar u otorgar la potestad de la toma de decisiones al pueblo organizado. Quien no sienta amor por el prójimo, nunca cederá el poder a los otros. No dará ni un milímetro del control del aparato del Estado a los grupos comunitarios que lo necesitan para satisfacer sus expectativas de vida. Eso solo se logra, se obtiene de manera legítima, cuando por propia voluntad la acción política inmersa en la convicción de la espiritualidad humana, el revolucionario se iguala a su prójimo y resaltando la disposición de desprendimiento y de solidaridad fraterna, decide conscientemente materializar la transferencia de poder al pueblo.
sábado, 30 de agosto de 2008
domingo, 24 de agosto de 2008
La oposición venezolana
A propósito de las elecciones regionales del 23/11, se hace necesario reiterar conceptos teóricos para precisar la consistencia ideológica de la oposición, la que aspira a obtener el triunfo de 10 gobernaciones y más del 50% de las Alcaldías.
Oquedad y ausencia de criterios refleja hasta ahora su inocua propuesta, la cual difícilmente se puede estudiar por no existir una base conceptual que lo admita.
Cree que el triunfo es pragmatismo cuando ya existe una base de criterios sólidos por parte del pueblo. Repasemos la lección fundamental, para estimularle en su conciencia la intención de convertirse en luchadores sociales. Esto generaría la confrontación de ideas inspiradoras de grandes obras inmortales si es que su vaguedad lo permite.
Les digo a la oposición, para que desarrollen su más intensa elaboración intelectual en esta coyuntura del 23/11, punto crítico que determina el cruce de caminos definitorio de la ruta de la Repùblica; les digo, que la revolución es cambio de estructura. El modelo político del proceso bolivariano es revolucionario. El cambio de estructura significa la creación de un nuevo sistema político (Estado, aparato productivo y relaciones de poder). La estructura es la dimensión del funcionamiento de la sociedad, donde se dan las relaciones de los factores genéticos que producen los actos visibles (hechos observables). La estructura es la génesis de los fenómenos. La Revolución Bolivariana actúa sobre la estructura. Mientras que ustedes, oposición, son contrarrevolución y reforma. Buscan operar solamente a nivel de los fenómenos (lo visible y verificable). Ustedes, oposición, no transforman la estructura. Ustedes son reformistas y por lo tanto contrario a la revolución. El modelo político de la democracia representativa, que es el de ustedes, es simplemente reparos inertes para que se mantenga la estructura capitalista, liberal, cogollérica, individualista y clientelar. Ustedes no plantean el cambio del sistema político. La democracia representativa, la de ustedes, se fundamenta en la representación de los cogollos. En la revolución las decisiones la toma directamente el pueblo. La revolución está desarrollando la conciencia del vocero. Ustedes oposición son cúpula. Su experiencia y antecedentes más inmediatos verifican que su acción se fundamenta en la apropiación del poder y el aislamiento del pueblo.
El Estado en la democracia representativa se concibe para que el aparato burocrático –-gobernaciones, alcaldías, concejos municipales y demás unidades políticas orgánicas-- implante el clientelismo y la coacción de los representantes. Su modo de gestión llega solo hasta ligeros ajustes de la organización y las leyes, pero sin tocar la base de sustento (estructura).
Ustedes los de la oposición tienen que saber ya, y sobre todo si son políticos que se van a confrontar con la ideología revolucionaria, que nuestro Proceso Bolivariano opera a nivel de la estructura. La militancia revolucionaria, que incluye a los candidatos del PSUV, luchan para erradicar ese Estado que aún sigue vigente. Razón por la cual se justifica el conjunto de 26 leyes habilitantes cuya racionalidad jurídica apunta a arrancar buena parte de esas raíces reformistas.
A mi juicio ustedes deben volver al estudio y, para enriquecer la creatividad e inventiva de la sociedad actual, asumir la campaña electoral con base en los preceptos ideológicos y las nuevas categorías políticas que está generando el proceso revolucionario.
Oquedad y ausencia de criterios refleja hasta ahora su inocua propuesta, la cual difícilmente se puede estudiar por no existir una base conceptual que lo admita.
Cree que el triunfo es pragmatismo cuando ya existe una base de criterios sólidos por parte del pueblo. Repasemos la lección fundamental, para estimularle en su conciencia la intención de convertirse en luchadores sociales. Esto generaría la confrontación de ideas inspiradoras de grandes obras inmortales si es que su vaguedad lo permite.
Les digo a la oposición, para que desarrollen su más intensa elaboración intelectual en esta coyuntura del 23/11, punto crítico que determina el cruce de caminos definitorio de la ruta de la Repùblica; les digo, que la revolución es cambio de estructura. El modelo político del proceso bolivariano es revolucionario. El cambio de estructura significa la creación de un nuevo sistema político (Estado, aparato productivo y relaciones de poder). La estructura es la dimensión del funcionamiento de la sociedad, donde se dan las relaciones de los factores genéticos que producen los actos visibles (hechos observables). La estructura es la génesis de los fenómenos. La Revolución Bolivariana actúa sobre la estructura. Mientras que ustedes, oposición, son contrarrevolución y reforma. Buscan operar solamente a nivel de los fenómenos (lo visible y verificable). Ustedes, oposición, no transforman la estructura. Ustedes son reformistas y por lo tanto contrario a la revolución. El modelo político de la democracia representativa, que es el de ustedes, es simplemente reparos inertes para que se mantenga la estructura capitalista, liberal, cogollérica, individualista y clientelar. Ustedes no plantean el cambio del sistema político. La democracia representativa, la de ustedes, se fundamenta en la representación de los cogollos. En la revolución las decisiones la toma directamente el pueblo. La revolución está desarrollando la conciencia del vocero. Ustedes oposición son cúpula. Su experiencia y antecedentes más inmediatos verifican que su acción se fundamenta en la apropiación del poder y el aislamiento del pueblo.
El Estado en la democracia representativa se concibe para que el aparato burocrático –-gobernaciones, alcaldías, concejos municipales y demás unidades políticas orgánicas-- implante el clientelismo y la coacción de los representantes. Su modo de gestión llega solo hasta ligeros ajustes de la organización y las leyes, pero sin tocar la base de sustento (estructura).
Ustedes los de la oposición tienen que saber ya, y sobre todo si son políticos que se van a confrontar con la ideología revolucionaria, que nuestro Proceso Bolivariano opera a nivel de la estructura. La militancia revolucionaria, que incluye a los candidatos del PSUV, luchan para erradicar ese Estado que aún sigue vigente. Razón por la cual se justifica el conjunto de 26 leyes habilitantes cuya racionalidad jurídica apunta a arrancar buena parte de esas raíces reformistas.
A mi juicio ustedes deben volver al estudio y, para enriquecer la creatividad e inventiva de la sociedad actual, asumir la campaña electoral con base en los preceptos ideológicos y las nuevas categorías políticas que está generando el proceso revolucionario.
sábado, 16 de agosto de 2008
Pueblo
Las expectativas revolucionarias están latentes. El pueblo consciente demanda viabilidad de lo que se promueve como poder popular. La diferencia entre reforma y revolución tiene que instrumentarse en la cotidianidad de la práctica del Proceso. La nueva fase, que debe arrancar a partir de los resultados del 23/11, tiene que consolidar la tesis ideológica del SSXXI y la transferencia de la toma de decisiones a las comunidades organizadas. Esto se adquiere con mayor nivel de compromiso político, convencimiento pleno de romper las resistencias al avance del cambio de estructura y una clara actitud moral contra la corrupción.
Por lo tanto, la nueva cohorte generacional que asuma la conducción del Proceso a partir del 23/11, tiene que manifestar sus hechos de gobierno con base en las necesidades reales del colectivo y atendiendo los compromisos implícitos en los actos constituyentes y soberanos de las comunidades organizadas.
Si hasta ahora eso no ha ocurrido, debido entre otras razones al analfabetismo ideológico y a la rigidez del Estado reformista, ya estas no pueden ser las variables en uso para negar el poder popular. Si la cohorte del mando regional y local ha actuado muy similar a la IV República con base en decisiones usufructuarias del poder, clientelares y sin ser consultadas con el pueblo, ya esa práctica viciada y contrarrevolucionaria se agotó. Ahora lo que viene es la conversión de los mandos del Estado en vocerías populares y la toma de decisiones por parte del pueblo a través de las asambleas, cabildos, organizaciones comunitarias, grupos de acción social y nuevas estructuras de participación ciudadana. Viene ahora la fase de los presupuestos estimados y ejecutados por las mismas comunidades; la implantación de la contraloría social; el acoplamiento de los programas gubernamentales a las tareas cotidianas del colectivo. Lo que viene es que los gobernadores, alcaldes, diputados regionales, asuman su nuevo rol como voceros: hablan lo que le diga el pueblo y no quien decide en su nombre convirtiéndose en cúpula de mando. Esto por supuesto no lo puede entender quien no tenga la convicción revolucionaria, por lo que enfatizo lo de las cohortes. La nueva cohorte tiene que ser transformadora y estar persuadida que el mando no es de un ser supremo que posee un conglomerado de vasallos que se debe al gobernante.
La nueva cohorte tiene que despojarse de la superioridad humana, generadora de egocentrismo, vanidad, codicia, prepotencia y pragmatismo, para asimilar la horizontalidad jerárquica, humildad igualitaria y fomento del bien común sustentado en la buena voluntad y el amor al prójimo. Si no lo hace, el proceso alarga la fase de transición y no habrá revolución. Si la nueva cohorte no se acopla al momento que exige el Proceso, puede ser que el pueblo se lo demande de una manera insospechada.
Los candidatos del PSUV tienen tres meses para aprender a ser revolucionarios en la nueva fase de cambio estructural y entender cómo transferir la toma de decisiones a las comunidades organizadas. Tres meses que deben ser empleados también por las comunidades para ejercitarse en la práctica del cogobierno y exigirles a sus voceros una conducta acoplada a la democracia directa. Las elecciones del 23/11 tienen que ser actos revolucionarios y no actos burocráticos. Y eso significa tomarle el paso a la historia y seguir su cadencia de ritmo para ir de frente hacia la emancipación popular.
Por lo tanto, la nueva cohorte generacional que asuma la conducción del Proceso a partir del 23/11, tiene que manifestar sus hechos de gobierno con base en las necesidades reales del colectivo y atendiendo los compromisos implícitos en los actos constituyentes y soberanos de las comunidades organizadas.
Si hasta ahora eso no ha ocurrido, debido entre otras razones al analfabetismo ideológico y a la rigidez del Estado reformista, ya estas no pueden ser las variables en uso para negar el poder popular. Si la cohorte del mando regional y local ha actuado muy similar a la IV República con base en decisiones usufructuarias del poder, clientelares y sin ser consultadas con el pueblo, ya esa práctica viciada y contrarrevolucionaria se agotó. Ahora lo que viene es la conversión de los mandos del Estado en vocerías populares y la toma de decisiones por parte del pueblo a través de las asambleas, cabildos, organizaciones comunitarias, grupos de acción social y nuevas estructuras de participación ciudadana. Viene ahora la fase de los presupuestos estimados y ejecutados por las mismas comunidades; la implantación de la contraloría social; el acoplamiento de los programas gubernamentales a las tareas cotidianas del colectivo. Lo que viene es que los gobernadores, alcaldes, diputados regionales, asuman su nuevo rol como voceros: hablan lo que le diga el pueblo y no quien decide en su nombre convirtiéndose en cúpula de mando. Esto por supuesto no lo puede entender quien no tenga la convicción revolucionaria, por lo que enfatizo lo de las cohortes. La nueva cohorte tiene que ser transformadora y estar persuadida que el mando no es de un ser supremo que posee un conglomerado de vasallos que se debe al gobernante.
La nueva cohorte tiene que despojarse de la superioridad humana, generadora de egocentrismo, vanidad, codicia, prepotencia y pragmatismo, para asimilar la horizontalidad jerárquica, humildad igualitaria y fomento del bien común sustentado en la buena voluntad y el amor al prójimo. Si no lo hace, el proceso alarga la fase de transición y no habrá revolución. Si la nueva cohorte no se acopla al momento que exige el Proceso, puede ser que el pueblo se lo demande de una manera insospechada.
Los candidatos del PSUV tienen tres meses para aprender a ser revolucionarios en la nueva fase de cambio estructural y entender cómo transferir la toma de decisiones a las comunidades organizadas. Tres meses que deben ser empleados también por las comunidades para ejercitarse en la práctica del cogobierno y exigirles a sus voceros una conducta acoplada a la democracia directa. Las elecciones del 23/11 tienen que ser actos revolucionarios y no actos burocráticos. Y eso significa tomarle el paso a la historia y seguir su cadencia de ritmo para ir de frente hacia la emancipación popular.
viernes, 8 de agosto de 2008
El Vocero
El vocero es el portador de la semilla de la democracia directa; es decir, la toma de decisiones directamente por la comunidad organizada en el desarrollo de su destino. El vocero es el elemento que ejecuta el mandato del Consejo Comunal, instrumento a su vez, de la Asamblea de Ciudadanos de una determinada localidad. El vocero es solo una voz, transmisor de la decisión del grupo. Recoge también el vocero lo que surge de la sesión asamblearia de la cual forma parte. Plantea lo que se analizó en ese ambiente y espera por nuevas situaciones que se deriven de las discusiones colectivas. Es así entonces como el vocero toma, lleva y trae. Siempre bajo el parámetro de manifestar la decisión del grupo. Nunca el vocero actuará individualmente o a su libre albedrío. El vocero no manda ni impone su criterio personal. Es la extensión o la prolongación de la presencia de un colectivo de trabajo o un área comunitaria en el Consejo Comunal. Puede ser también el vocero el ejecutor de una encomienda asignada por el Consejo Comunal ante una entidad del Estado, otra instancia comunitaria u alguna organización social, política, cultural o militar. Pero en todos estas situaciones el vocero solo habla, entrega el mensaje, cumple la encomienda. El vocero no toma decisiones. La decisión o el mando sobre asuntos que le competen a la comunidad no es del vocero. Eso es exclusiva responsabilidad de la asamblea de ciudadanos, que es la primera instancia de poder, y el instrumento popular que determina la existencia de los Consejos Comunales.
La figura emblemática de lo que sería el cambio en las relaciones de poder, como parte de la transformación estructural que busca la revolución en esta fase del Proceso, es el vocero. El vocero tiene una connotación espiritual y por esa razón responde a la concepción revolucionaria del nuevo paradigma que genera el cambio de estructura. Lo espiritual está presente porque el vocero estimula la humildad del servidor público. Un vocero del Consejo Comunal es un aliado a la causa de servirle al pueblo. De servirle con amor. El vocero es una embrión de la naciente corriente política que sustenta su acción en el amor al prójimo. El vocero rompe con la rivalidad entre los iguales. El vocero acaba con el dedo. Como el vocero no manda, sino solo habla, cualquiera que entienda lo que significa la gestión de solidaridad, buena voluntad y afecto sincero para alcanzar el bien común, cualquiera de ellos puede ser el vocero. Esto acaba con el egocentrismo y el individualismo corruptor del ser supremo que bajo el manto del poder del Estado, somete a los demás sin consideración alguna a la condición humana. Gestión de mando engendrada por el modelo reformista que más que servir al pueblo lo que busca es aprovecharse del pueblo. El egocentrismo es el padre de la rivalidad. Pero el vocero, ahora y en la medida que se generalice su acción y su esencia revolucionaria, el vocero demolerá a la rivalidad e impondrá la humildad a los servidores del pueblo.
Pues bien, si el rol del vocero se define cada día de manera más clara y así es entendido por las comunidades organizadas, podemos entonces decir que va por buen camino el cambio de estructura a nivel de las relaciones de poder que tiene que alcanzar la revolución.
La existencia del vocero que está en la onda de la avanzada revolucionaria, coloca a los partidos reformistas apegados, enchufados y enganchados con las cúpulas y el dedo, los coloca en un escalón más abajo en la escalera de la revolución. Vocero es salto adelante. Partido reformista es salto atrás.
La figura emblemática de lo que sería el cambio en las relaciones de poder, como parte de la transformación estructural que busca la revolución en esta fase del Proceso, es el vocero. El vocero tiene una connotación espiritual y por esa razón responde a la concepción revolucionaria del nuevo paradigma que genera el cambio de estructura. Lo espiritual está presente porque el vocero estimula la humildad del servidor público. Un vocero del Consejo Comunal es un aliado a la causa de servirle al pueblo. De servirle con amor. El vocero es una embrión de la naciente corriente política que sustenta su acción en el amor al prójimo. El vocero rompe con la rivalidad entre los iguales. El vocero acaba con el dedo. Como el vocero no manda, sino solo habla, cualquiera que entienda lo que significa la gestión de solidaridad, buena voluntad y afecto sincero para alcanzar el bien común, cualquiera de ellos puede ser el vocero. Esto acaba con el egocentrismo y el individualismo corruptor del ser supremo que bajo el manto del poder del Estado, somete a los demás sin consideración alguna a la condición humana. Gestión de mando engendrada por el modelo reformista que más que servir al pueblo lo que busca es aprovecharse del pueblo. El egocentrismo es el padre de la rivalidad. Pero el vocero, ahora y en la medida que se generalice su acción y su esencia revolucionaria, el vocero demolerá a la rivalidad e impondrá la humildad a los servidores del pueblo.
Pues bien, si el rol del vocero se define cada día de manera más clara y así es entendido por las comunidades organizadas, podemos entonces decir que va por buen camino el cambio de estructura a nivel de las relaciones de poder que tiene que alcanzar la revolución.
La existencia del vocero que está en la onda de la avanzada revolucionaria, coloca a los partidos reformistas apegados, enchufados y enganchados con las cúpulas y el dedo, los coloca en un escalón más abajo en la escalera de la revolución. Vocero es salto adelante. Partido reformista es salto atrás.
domingo, 3 de agosto de 2008
A los candidatos del PSUV
Una reflexión dirigida a todos los candidatos del PSUV, incluyendo a quienes
aspiran repetir en las gobernaciones de estado. El compromiso de ustedes,
candidatos, tiene dos dimensiones: (i) obtener el triunfo y (ii) viabilizar
el socialismo. No es suficiente ganar y mantener la estructura burocrática,
clientelar y alienante de las instituciones vigentes que son herencia de la
IV República. Se necesita triunfar y proceder a desarrollar los componentes
socialistas que se encuentran en estado incipiente para avanzar en la nueva
ruta de la República. Si de verdad ustedes, candidatos, quieren acoplarse a
la dinámica de la historia política del SSXXI en Venezuela tienen que
dominar la conceptualización teórica. El orden ideológico exige, para la
acción revolucionaria desde las instancias del mando burocrático, asumir con
conciencia el empleo del poder. El poder, bajo la categorización del
Proceso, no es para usufructuarlo tal como se hace bajo los parámetros de la
IV República. Es decir, hacer uso del mando burocrático del Estado para
favorecerse a sí mismo y su grupo. El poder empleado por el reformista o
reaccionario no apunta a satisfacer las expectativas en sus niveles más
elevados de lo moral, lo material y lo espiritual del ser humano. No, el
poder de la IV República descansa en las cúpulas que se adjudican la
potestad del Estado para actuar con base en sus propios intereses. Esta
forma de mando, en cualquiera de las instancias de elección popular, tiene
que ser erradicado. En su lugar, hay que darle cabida al principio
revolucionario de emplear el poder para alcanzar el bien común. En
contraposición al reformismo o a la reacción, se tiene que alcanzar el
triunfo el 23/11 para transferir la toma de decisiones al pueblo. Eso es
viabilizar el socialismo y profundizar la conciencia revolucionaria.
Atención candidatos, el poder no es para el usufructo. El poder es para
llevarle felicidad al colectivo nacional. El poder no solo se ubica a nivel
del aparato burocrático del Estado; sino también, en la decisión directa del
pueblo. Para que triunfemos el 23/11 hay que tomar en cuenta al pueblo
organizado. El que sea electo para un cargo ya no será más el señor dueño de
los destinos de la comunidad que va a dirigir. No, esa práctica desaparece.
El que sea electo se convertirá en vocero del pueblo. El vocero expresa y
manifiesta lo que determina la comunidad que dirige. Su mando va a depender
de los dispositivos de participación popular consagrados en la Constitución;
valga decir, consejos comunales, contraloría social, asambleas populares,
cabildos abiertos. Por lo tanto, el que aspira a ser electo bajo los
preceptos revolucionarios no puede emular la práctica clientelar de los
jerarcas del Estado de la IV República (oposición disociada hoy en día).
De tal manera que, vale tanto y hasta más el ejercicio de la comunidad
organizada en la conducción de su destino, que el del actor electo para un
cargo público. Si esto se asume con conciencia, la rivalidad desaparece y
con humildad se tiene que aceptar la necesidad del consenso revolucionario.
Bajo estos preceptos, el poder no es del individuo electo --deformación
estructural estimulante del egocentrismo y demás desviaciones perversas del
poder. Ahora, el poder lo ejerce directamente el pueblo. Sean inteligentes,
camaradas y seres de buena voluntad para aceptar que estamos en un proceso
revolucionario (cambio estructural) y que las prácticas reformistas quedaron
atrás (manutención estructural).
aspiran repetir en las gobernaciones de estado. El compromiso de ustedes,
candidatos, tiene dos dimensiones: (i) obtener el triunfo y (ii) viabilizar
el socialismo. No es suficiente ganar y mantener la estructura burocrática,
clientelar y alienante de las instituciones vigentes que son herencia de la
IV República. Se necesita triunfar y proceder a desarrollar los componentes
socialistas que se encuentran en estado incipiente para avanzar en la nueva
ruta de la República. Si de verdad ustedes, candidatos, quieren acoplarse a
la dinámica de la historia política del SSXXI en Venezuela tienen que
dominar la conceptualización teórica. El orden ideológico exige, para la
acción revolucionaria desde las instancias del mando burocrático, asumir con
conciencia el empleo del poder. El poder, bajo la categorización del
Proceso, no es para usufructuarlo tal como se hace bajo los parámetros de la
IV República. Es decir, hacer uso del mando burocrático del Estado para
favorecerse a sí mismo y su grupo. El poder empleado por el reformista o
reaccionario no apunta a satisfacer las expectativas en sus niveles más
elevados de lo moral, lo material y lo espiritual del ser humano. No, el
poder de la IV República descansa en las cúpulas que se adjudican la
potestad del Estado para actuar con base en sus propios intereses. Esta
forma de mando, en cualquiera de las instancias de elección popular, tiene
que ser erradicado. En su lugar, hay que darle cabida al principio
revolucionario de emplear el poder para alcanzar el bien común. En
contraposición al reformismo o a la reacción, se tiene que alcanzar el
triunfo el 23/11 para transferir la toma de decisiones al pueblo. Eso es
viabilizar el socialismo y profundizar la conciencia revolucionaria.
Atención candidatos, el poder no es para el usufructo. El poder es para
llevarle felicidad al colectivo nacional. El poder no solo se ubica a nivel
del aparato burocrático del Estado; sino también, en la decisión directa del
pueblo. Para que triunfemos el 23/11 hay que tomar en cuenta al pueblo
organizado. El que sea electo para un cargo ya no será más el señor dueño de
los destinos de la comunidad que va a dirigir. No, esa práctica desaparece.
El que sea electo se convertirá en vocero del pueblo. El vocero expresa y
manifiesta lo que determina la comunidad que dirige. Su mando va a depender
de los dispositivos de participación popular consagrados en la Constitución;
valga decir, consejos comunales, contraloría social, asambleas populares,
cabildos abiertos. Por lo tanto, el que aspira a ser electo bajo los
preceptos revolucionarios no puede emular la práctica clientelar de los
jerarcas del Estado de la IV República (oposición disociada hoy en día).
De tal manera que, vale tanto y hasta más el ejercicio de la comunidad
organizada en la conducción de su destino, que el del actor electo para un
cargo público. Si esto se asume con conciencia, la rivalidad desaparece y
con humildad se tiene que aceptar la necesidad del consenso revolucionario.
Bajo estos preceptos, el poder no es del individuo electo --deformación
estructural estimulante del egocentrismo y demás desviaciones perversas del
poder. Ahora, el poder lo ejerce directamente el pueblo. Sean inteligentes,
camaradas y seres de buena voluntad para aceptar que estamos en un proceso
revolucionario (cambio estructural) y que las prácticas reformistas quedaron
atrás (manutención estructural).
lunes, 28 de julio de 2008
Convenio para la formación, difusión e investigación ideológica entre el CFI y el IUTC
Esta es la Agenda que se cumplirá el jueves 31/07/08 en el Instituto Tecnológico de Tecnología de Cabimas (IUTC) con motivo de la firma del Convenio entre el CFI y el IUTC. A tal efecto, invito a quienes puedan asistir a hacer acto de presencia y difundir este evento como expresión sumatoria a la difusión ideológica y la formación del pensamiento crítico del revolucionario, objetivos que busca alcanzar en todos los espacios nacionales el CFI.
AGENDA DEL IUTC, Jueves 31/07/08, 11.00 AM
FORO: “FORMACIÓN DEL PENSAMIENTO TEORÍA Y PRÁCTICA DEL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI”
Lugar: 31-07-08- EN EL AUDITORIO DEL IUTC.
-HIMNO NACIONAL DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA, (INTERPRETADO POR LA ESCUELA DE MÚSICA DEL IUTC)
* PALABRAS DE APERTURA A CARGO DE LA MSc. MIREYA MÉNDEZ, COORDINADORA DE LA COMISIÓN DE MODERNIZACIÓN Y TRANSFORMACIÓN DEL INSTITUTO UNIVERSITARIO DE TECNOLOGÍA DE CABIMAS
* PALABRAS DE BIENVENIDA A CARGO DE LA Dra. YOLENIS MANZANO, COORDINADORA DEL CFI IUTC.
* PARTICIPACIÓN DEL COMANDANTE WILLIAM IZARRA, COORDINADOR NACIONAL DEL CFI
* PRESENTACIÓN DE ACTIVIDAD CULTURAL (CANTO A LA RESISTENCIA INDÍGENA, LA SIEMBRA DE MAÍZ) POR LA ESCUELA DE TEATRO DEL IUTC
* EXHIBICIÓN DE OBRAS “BOLÍVAR EN NUESTRAS IDEAS”
* CLAUSURA DEL ACTO.
AGENDA DEL IUTC, Jueves 31/07/08, 11.00 AM
FORO: “FORMACIÓN DEL PENSAMIENTO TEORÍA Y PRÁCTICA DEL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI”
Lugar: 31-07-08- EN EL AUDITORIO DEL IUTC.
-HIMNO NACIONAL DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA, (INTERPRETADO POR LA ESCUELA DE MÚSICA DEL IUTC)
* PALABRAS DE APERTURA A CARGO DE LA MSc. MIREYA MÉNDEZ, COORDINADORA DE LA COMISIÓN DE MODERNIZACIÓN Y TRANSFORMACIÓN DEL INSTITUTO UNIVERSITARIO DE TECNOLOGÍA DE CABIMAS
* PALABRAS DE BIENVENIDA A CARGO DE LA Dra. YOLENIS MANZANO, COORDINADORA DEL CFI IUTC.
* PARTICIPACIÓN DEL COMANDANTE WILLIAM IZARRA, COORDINADOR NACIONAL DEL CFI
* PRESENTACIÓN DE ACTIVIDAD CULTURAL (CANTO A LA RESISTENCIA INDÍGENA, LA SIEMBRA DE MAÍZ) POR LA ESCUELA DE TEATRO DEL IUTC
* EXHIBICIÓN DE OBRAS “BOLÍVAR EN NUESTRAS IDEAS”
* CLAUSURA DEL ACTO.
jueves, 24 de julio de 2008
Comandos Populares
IV Flota adscrita al poderoso Comando Sur, reforzamientos de las unidades en las islas ABC (Aruba, Bonaire y Curazao), nuevo establecimiento militar en Perú, reubicación de la base de Manta, movimientos crecientes en Mariscal Estigarribia de Paraguay, visitas de los jefes militares, halcones del Pentágono y cúpulas Políticas a Colombia reforzando la alianza con Álvaro Uribe, desestabilización encubierta en los países que han mantenido rígidas posturas antiimperialistas, vigencia de la protesta pacífica basada en la doctrina de Gene Sharp en la América Latina. Bueno esto nos lleva a la conclusión de “guerra avisada no mata soldado”. Por lo tanto, cabe hoy destacar esta expresión para bajar de la teoría a la práctica de nuestra soberanía. Cada día se agudiza la intención de las fuerzas internacionales por contener el gobierno de Hugo Chávez. La política de seguridad de EE.UU., raya la inviabilidad estratégica de proseguir sus amenazas a los que han considerado como países del eje del mal. Ahí anotan a Venezuela.
Ante la aceleración de estos hechos internacionales lo que incide en el rediseño del escenario geopolítico mundial, las organizaciones populares del Proceso Revolucionario Venezolano (políticas, sociales comunitarias), tienen que incorporar a sus planes tácticos de corto plazo las instrucciones vigentes de la orden de operaciones emitidas por el Presidente en Mayo del 2004. Uno de sus tres objetivos estratégicos es la creación de las estructuras populares para la defensa integral. Este es el punto que quiero tratar de nuevo y llamar a organizar los comandos populares para darle respuesta a esa Orden emitida por el Presidente y minimizar la sorpresa de las fuerzas internacionales que s oponen a la revolución bolivariana.
El Comando Popular (CP) se organiza en las comunidades dentro de un especio geográfico delimitado por su alcance y capacidad operativa. Puede ser una cuadra, tres manzanas, o todo un barrio. Depende de la capacidad e influencia de liderazgo por parte del cuadro revolucionario. Dos elementos tácticos lo constituyen: el Centro de Operaciones (COP) y las Unidades Básicas de Acción (UBA).
El COP es el elemento que planifica todas las actividades del Comando. Cuatro secciones lo componen: (i) dirección cuya responsabilidad es la de coordinar las actividades; (ii) Organización, se encarga de formar las Unidades Básicas de Acción (UBA); (iii) Operaciones, elabora y pone en marcha el Plan de Operaciones. Éste es el instrumento que define el concepto de las tareas que ejecutará el CP. Contempla de manera específica la asignación de responsabilidades que cumplirán todos los integrantes de la organización. Determina también los blancos seleccionados que sean necesarios incluir en las operaciones a desarrollar; (iv) Sala Situacional es el espacio físico clasificado como secreto, el cual acumula toda la información de inteligencia, operaciones y política que se procesa en la organización.
Las Unidades Básicas de Acción (UBA) son los componentes orgánicos que ejecutan las tareas operativas para alcanzar la misión de defensa integral de la comunidad. Las UBA se organizan con base en un (1) Coordinador y siete (7) áreas funcionales. El Coordinar tiene por responsabilidad distribuir, ejecutar y supervisar las tareas asignadas a cada miembro de la UBA.
Las áreas funcionales, las cuales deben ser asignadas por especialidad a los siete (7) miembros de la UBA, son las siguientes: (i) Registro se encarga del listado, movilización, observación y control de la población de la comunidad que le compete, (ii) Abastecimientos, velaa por la ubicación, almacenamiento y distribución de todos los bienes alimenticios que requiere el ser humano para subsistir; (iii) Comunicaciones, elabora el inventario de todos los medios de comunicaciones existentes en el área de la comunidad. Además, debe proveer los mecanismos para establecer las comunicaciones directas, indirectas y de emergencia, entre todos los miembros del CP; (iv) Inteligencia, recaba, analiza y distribuye la información procesada a los fines de incidir eficazmente en la toma de decisiones para alcanzar la misión del CP; (v) Defensa, levanta las cartas topográficas y planos comunitarios, así como los puntos vulnerables, tácticos y estratégicos para ser considerados en el Plan de Operaciones; (vi) Retaguardia, establece las vías, rutas, medios, sitios de resguardo y ambientes para el repliegue táctico en caso de que la adversidad o los elementos oponentes pongan en riesgo la vida de todos los miembros de la comunidad; (vii) Ofensiva, establece las formas de acción, los componentes operativos y las estrategias, para pasar a la ofensiva cuando así lo determine la situación política o militar que prevalezca en el área de la comunidad.
El CP tiene que enlazarse con todas las estructuras orgánicas del Proceso, principalmente con el PSUV, la Reserva y los Centros de Formación Ideológica (CFI). Por ser unidades del poder popular, los Comandos Populares demandan conciencia revolucionaria y disposición a profundizar la Revolución Bolivariana. Es una obligación moral del revolucionario consciente difundirlo en el colectivo y estimular su activación entre todos para capacitarnos dentro de los nuevos conceptos de defensa integral, prestos a responder a las amenazas y sorpresas de la escalada imperialista.
Ante la aceleración de estos hechos internacionales lo que incide en el rediseño del escenario geopolítico mundial, las organizaciones populares del Proceso Revolucionario Venezolano (políticas, sociales comunitarias), tienen que incorporar a sus planes tácticos de corto plazo las instrucciones vigentes de la orden de operaciones emitidas por el Presidente en Mayo del 2004. Uno de sus tres objetivos estratégicos es la creación de las estructuras populares para la defensa integral. Este es el punto que quiero tratar de nuevo y llamar a organizar los comandos populares para darle respuesta a esa Orden emitida por el Presidente y minimizar la sorpresa de las fuerzas internacionales que s oponen a la revolución bolivariana.
El Comando Popular (CP) se organiza en las comunidades dentro de un especio geográfico delimitado por su alcance y capacidad operativa. Puede ser una cuadra, tres manzanas, o todo un barrio. Depende de la capacidad e influencia de liderazgo por parte del cuadro revolucionario. Dos elementos tácticos lo constituyen: el Centro de Operaciones (COP) y las Unidades Básicas de Acción (UBA).
El COP es el elemento que planifica todas las actividades del Comando. Cuatro secciones lo componen: (i) dirección cuya responsabilidad es la de coordinar las actividades; (ii) Organización, se encarga de formar las Unidades Básicas de Acción (UBA); (iii) Operaciones, elabora y pone en marcha el Plan de Operaciones. Éste es el instrumento que define el concepto de las tareas que ejecutará el CP. Contempla de manera específica la asignación de responsabilidades que cumplirán todos los integrantes de la organización. Determina también los blancos seleccionados que sean necesarios incluir en las operaciones a desarrollar; (iv) Sala Situacional es el espacio físico clasificado como secreto, el cual acumula toda la información de inteligencia, operaciones y política que se procesa en la organización.
Las Unidades Básicas de Acción (UBA) son los componentes orgánicos que ejecutan las tareas operativas para alcanzar la misión de defensa integral de la comunidad. Las UBA se organizan con base en un (1) Coordinador y siete (7) áreas funcionales. El Coordinar tiene por responsabilidad distribuir, ejecutar y supervisar las tareas asignadas a cada miembro de la UBA.
Las áreas funcionales, las cuales deben ser asignadas por especialidad a los siete (7) miembros de la UBA, son las siguientes: (i) Registro se encarga del listado, movilización, observación y control de la población de la comunidad que le compete, (ii) Abastecimientos, velaa por la ubicación, almacenamiento y distribución de todos los bienes alimenticios que requiere el ser humano para subsistir; (iii) Comunicaciones, elabora el inventario de todos los medios de comunicaciones existentes en el área de la comunidad. Además, debe proveer los mecanismos para establecer las comunicaciones directas, indirectas y de emergencia, entre todos los miembros del CP; (iv) Inteligencia, recaba, analiza y distribuye la información procesada a los fines de incidir eficazmente en la toma de decisiones para alcanzar la misión del CP; (v) Defensa, levanta las cartas topográficas y planos comunitarios, así como los puntos vulnerables, tácticos y estratégicos para ser considerados en el Plan de Operaciones; (vi) Retaguardia, establece las vías, rutas, medios, sitios de resguardo y ambientes para el repliegue táctico en caso de que la adversidad o los elementos oponentes pongan en riesgo la vida de todos los miembros de la comunidad; (vii) Ofensiva, establece las formas de acción, los componentes operativos y las estrategias, para pasar a la ofensiva cuando así lo determine la situación política o militar que prevalezca en el área de la comunidad.
El CP tiene que enlazarse con todas las estructuras orgánicas del Proceso, principalmente con el PSUV, la Reserva y los Centros de Formación Ideológica (CFI). Por ser unidades del poder popular, los Comandos Populares demandan conciencia revolucionaria y disposición a profundizar la Revolución Bolivariana. Es una obligación moral del revolucionario consciente difundirlo en el colectivo y estimular su activación entre todos para capacitarnos dentro de los nuevos conceptos de defensa integral, prestos a responder a las amenazas y sorpresas de la escalada imperialista.
miércoles, 16 de julio de 2008
Cuál poder buscamos
La búsqueda del Poder se orienta en dos significativas direcciones. La primera, el poder para decidir democráticamente en beneficio del colectivo, aceptando y respetando el juicio de los miembros de la sociedad. Aquí estamos ante una práctica del poder como instrumento de los cambios que demanda la mayoría. En este sentido el ejercicio del poder es positivo; es para alcanzar el Bien Común del pueblo. La otra interpretación es el poder que se asume, consciente o inconscientemente, como vicio ambicionado y deseado para elevarnos ante el prójimo, subordinar a la sociedad e imponer nuestra voz de mando. Ese poder que nos genera un halo de superioridad para someter al colectivo nacional, nos aleja de lo que realmente buscamos con las transformaciones políticas. Desde esta perspectiva, el ejercicio del poder resultará negativo para la mayoría y en contra de los postulados fundamentales del socialismo.
A estas alturas del primer tercio del período de campaña regional, los candidatos del PSUV deben reflexionar muy profundamente hacia cuál de estas formas de ejercer el poder es la que cada uno, en lo más secreto de su ser, está pensando desarrollar.
El poder, en esta coyuntura que engendra la situación política que nace del 2D y a los fines de proseguir la aceleración del proceso revolucionario, sólo se justifica si va en la dirección de fortalecer a la comunidad organizada en sus estructuras colectivas y estimular de manera exponencial la conciencia revolucionaria. Organización para crear el nuevo estado comunitario, socialista y de solidaridad humana; y, conciencia para la emancipación del ser rompiendo el paradigma cultural de la alienación capitalista.
Por otro lado, invito a los candidatos del PSUV a reflexionar también acerca de las consecuencias del ejercicio del poder. Primero, por supuesto, su entrega plena a satisfacer las necesidades reales del colectivo en el ámbito de su jursdicción terrotorial; pero también sobre ese otro asunto derivado de su manto pragmático, pues ese poder, como todo ejercicio que implica someter a un grupo determinado a específicas tareas o condiciones, va acompañado de una inmensa soledad. Si bien es cierto que el poder atrae a los sumisos, adulantes e interesados, y eso forma un grueso contingente de seres alrededor de quien detenta ese poder, no es menos cierto que esa masa humana es circunstancial y que mientras más crece más soledad tendrá el poderoso.
La soledad solo se puede minimizar con la buena voluntad y solidaridad humanas. Entrar en la dimensión del Bien Común y actuar para que se genere el espíritu de cuerpo que hace indivisible a los grupos que luchan por las causas más justas del ser. Asumir el rol no del poderoso sino del camarada. Olvidarse de las prácticas clientelares que ha caracterizado al usufructo del poder durante la IV República (propuestas similares hace la oposición del 2008, en pleno siglo XXI a la comunidad nacional. Propuestas sin modelo de sociedad ni desarrollo del pensamiento humano ni de valores solidarios. Solo el pragmatismo y la maximización del beneficio es su meta a alcanzar). El ejercicio del poder de un candidato del PSUV que alcance el triunfo el 23/11 tiene que ser para convertirse en vocero de su comunidad. Aceptar que la dirección de la sociedad no es del individuo sino de la asamblea de ciudadanos. Esa es la meta del candidato revolucionario del PSUV. Poder y soledad son un solo cuerpo. Vocería y solidaridad es realización plena.
A estas alturas del primer tercio del período de campaña regional, los candidatos del PSUV deben reflexionar muy profundamente hacia cuál de estas formas de ejercer el poder es la que cada uno, en lo más secreto de su ser, está pensando desarrollar.
El poder, en esta coyuntura que engendra la situación política que nace del 2D y a los fines de proseguir la aceleración del proceso revolucionario, sólo se justifica si va en la dirección de fortalecer a la comunidad organizada en sus estructuras colectivas y estimular de manera exponencial la conciencia revolucionaria. Organización para crear el nuevo estado comunitario, socialista y de solidaridad humana; y, conciencia para la emancipación del ser rompiendo el paradigma cultural de la alienación capitalista.
Por otro lado, invito a los candidatos del PSUV a reflexionar también acerca de las consecuencias del ejercicio del poder. Primero, por supuesto, su entrega plena a satisfacer las necesidades reales del colectivo en el ámbito de su jursdicción terrotorial; pero también sobre ese otro asunto derivado de su manto pragmático, pues ese poder, como todo ejercicio que implica someter a un grupo determinado a específicas tareas o condiciones, va acompañado de una inmensa soledad. Si bien es cierto que el poder atrae a los sumisos, adulantes e interesados, y eso forma un grueso contingente de seres alrededor de quien detenta ese poder, no es menos cierto que esa masa humana es circunstancial y que mientras más crece más soledad tendrá el poderoso.
La soledad solo se puede minimizar con la buena voluntad y solidaridad humanas. Entrar en la dimensión del Bien Común y actuar para que se genere el espíritu de cuerpo que hace indivisible a los grupos que luchan por las causas más justas del ser. Asumir el rol no del poderoso sino del camarada. Olvidarse de las prácticas clientelares que ha caracterizado al usufructo del poder durante la IV República (propuestas similares hace la oposición del 2008, en pleno siglo XXI a la comunidad nacional. Propuestas sin modelo de sociedad ni desarrollo del pensamiento humano ni de valores solidarios. Solo el pragmatismo y la maximización del beneficio es su meta a alcanzar). El ejercicio del poder de un candidato del PSUV que alcance el triunfo el 23/11 tiene que ser para convertirse en vocero de su comunidad. Aceptar que la dirección de la sociedad no es del individuo sino de la asamblea de ciudadanos. Esa es la meta del candidato revolucionario del PSUV. Poder y soledad son un solo cuerpo. Vocería y solidaridad es realización plena.
viernes, 11 de julio de 2008
Decisiones del CFI el 10/07/08
En la reunión del jueves 10/07/08 donde se reunieron miembros de los equipos del CFI de los Estados Anzoátegui, Aragua, Carabobo, Lara, Yaracuy y Caracas, se programaron los siguientes eventos a ser cumplidos en el 2do. Semestre del 2008:
1. Firma del Convenio con el Instituto de Tecnología
de Cabimas (IUTC) el 30/07/08
2. Reunión de evaluación del CFI el 20/08/08 en la Base Aérea El Libertador, Palo Negro, Maracay
3. Tercera conferencia Agroecológica en Montecarmelo, Lara, los días 13 y 14 de septiembre.
4. Encuentro Latinoamericano de los Centros de Estudios del Pensamiento Popular y Socialista del Siglo XXI, a ser realizado en la ciudad de Maracaibo entre el 4 y 5 de Octubre.
Además se decidió cumplir con otros eventos de carácter didáctico en las siguientes ciudades: (i) Caracas, el sábado 2 de agosto; (ii) Valencia, el jueves 7 de agosto; (iii) San Felipe, el viernes 15 de agosto; y (iv) Barquisimeto, el sábado 16 de agosto.
1. Firma del Convenio con el Instituto de Tecnología
de Cabimas (IUTC) el 30/07/08
2. Reunión de evaluación del CFI el 20/08/08 en la Base Aérea El Libertador, Palo Negro, Maracay
3. Tercera conferencia Agroecológica en Montecarmelo, Lara, los días 13 y 14 de septiembre.
4. Encuentro Latinoamericano de los Centros de Estudios del Pensamiento Popular y Socialista del Siglo XXI, a ser realizado en la ciudad de Maracaibo entre el 4 y 5 de Octubre.
Además se decidió cumplir con otros eventos de carácter didáctico en las siguientes ciudades: (i) Caracas, el sábado 2 de agosto; (ii) Valencia, el jueves 7 de agosto; (iii) San Felipe, el viernes 15 de agosto; y (iv) Barquisimeto, el sábado 16 de agosto.
jueves, 10 de julio de 2008
El ser de buena voluntad
Si bien es cierto que la política deja más amarguras que satisfacciones, también resulta que en medio de esta lucha se forjan virtudes, creencias y valores. Las amarguras emergen del ser, por estar consustanciadas con la pasión humana. La hipocresía y la mentira, por ejemplo, son expresiones del torrente pasional derivados del pragmatismo corruptor. Por su parte, la lealtad y la honestidad son virtudes sostenidas por quienes luchan como consecuencia de su búsqueda inspirada en el bien común. El ser humano virtuoso, practicante del amor al prójimo, sostiene su lucha con base en ideales y principios morales. De éstos, la lealtad destaca como la más significativa de las virtudes que blinda la moral de los individuos auténticos Cuando el ser humano leal mantiene su camino ajustado a la verdad se hace muy difícil que su práctica sea alterada por la intromisión de odios, rencores, envidias y demás factores destructores de la integridad humana. Contrariamente, quienes atentan contra la manifestación de la ética y la moral son los que desvirtúan las grandes brechas que han logrado abrir los audaces con sus retos por alcanzar las metas del bienestar colectivo.
El ser de buena voluntad no puede engañar. Su luz es la verdad. Y aunque ésta a veces duele, se convierte en la fuente que inspira la acción de las obras imperecederas. Hay que creer en los seres que se ejercitan en la ruta de la buena voluntad. El ser virtuoso que sostiene su lucha de manera incorruptible, tiene que saber mirar y perfeccionar el arte de escuchar. El hombre íntegro no lleva temores ocultos en su alma, por lo que fácilmente se le puede descubrir sus intenciones a través de la mirada y de la transparencia de sus ojos. He allí un buen indicativo para comprobar la lealtad. Además, el hombre leal tiene una característica particular que le permite diferenciarse de los otros: el hombre leal no se marchita. Su frescura le hace trascender lo superfluo y circunstancial, para ubicarse en el sitio privilegiado de la verdad. Frescura que se manifiesta por la claridad de sus ideas, su disposición al trabajo, su voluntad para seguir en la lucha por muy poderoso que sea el adversario y, principalmente, porque mantiene el amor en su más profunda intensidad. La frescura del hombre leal refleja la felicidad interior que le produce estar en paz consigo mismo.
Los criterios, opiniones o conceptos de los hombres leales tienen que ser escuchados y meditados cuando el entorno está viciado, lleno de hojas de otoño. Las virtudes humanas y la fortaleza ideológica se conjugan para hacer destacar a los hombres sinceros prestos a brindar una amistad verdadera. Esos son los leales. El apoyo que nos potencia e imprime energía a la fuerza espiritual radica en la palabra de aliento del ser verdadero, solidario y luchador empedernido. Sin esto la soledad invadirá nuestra vida, haciéndonos desdichados y sumamente infeliz. La soledad nos lleva a perder la vitalidad necesaria para responder a los actores que nos adversan.
El ser que lucha inspirado en ideales no se deja seducir por la mentira del pragmático, ni por la fascinación del poder y, mucho menos, por la ceguera de la superioridad. Por lo tanto, no corrompe sus principios ni entrega su alma al vicio lujurioso del placer material. Sus metas van más allá del disfrute que produce la fuerza del poder. Integridad y dignidad son las armas que emplea para batir la tentación del oro, la ostentación vanidosa y la droga de la adulación.
El ser de buena voluntad no puede engañar. Su luz es la verdad. Y aunque ésta a veces duele, se convierte en la fuente que inspira la acción de las obras imperecederas. Hay que creer en los seres que se ejercitan en la ruta de la buena voluntad. El ser virtuoso que sostiene su lucha de manera incorruptible, tiene que saber mirar y perfeccionar el arte de escuchar. El hombre íntegro no lleva temores ocultos en su alma, por lo que fácilmente se le puede descubrir sus intenciones a través de la mirada y de la transparencia de sus ojos. He allí un buen indicativo para comprobar la lealtad. Además, el hombre leal tiene una característica particular que le permite diferenciarse de los otros: el hombre leal no se marchita. Su frescura le hace trascender lo superfluo y circunstancial, para ubicarse en el sitio privilegiado de la verdad. Frescura que se manifiesta por la claridad de sus ideas, su disposición al trabajo, su voluntad para seguir en la lucha por muy poderoso que sea el adversario y, principalmente, porque mantiene el amor en su más profunda intensidad. La frescura del hombre leal refleja la felicidad interior que le produce estar en paz consigo mismo.
Los criterios, opiniones o conceptos de los hombres leales tienen que ser escuchados y meditados cuando el entorno está viciado, lleno de hojas de otoño. Las virtudes humanas y la fortaleza ideológica se conjugan para hacer destacar a los hombres sinceros prestos a brindar una amistad verdadera. Esos son los leales. El apoyo que nos potencia e imprime energía a la fuerza espiritual radica en la palabra de aliento del ser verdadero, solidario y luchador empedernido. Sin esto la soledad invadirá nuestra vida, haciéndonos desdichados y sumamente infeliz. La soledad nos lleva a perder la vitalidad necesaria para responder a los actores que nos adversan.
El ser que lucha inspirado en ideales no se deja seducir por la mentira del pragmático, ni por la fascinación del poder y, mucho menos, por la ceguera de la superioridad. Por lo tanto, no corrompe sus principios ni entrega su alma al vicio lujurioso del placer material. Sus metas van más allá del disfrute que produce la fuerza del poder. Integridad y dignidad son las armas que emplea para batir la tentación del oro, la ostentación vanidosa y la droga de la adulación.
jueves, 3 de julio de 2008
Gobernadores y Alcaldes: Voceros Populares
Para el SSXXI la verdadera dimensión del poder se ubica en las Asambleas de Ciudadanos. La sustancia del poder está en: (i) la contraloría social, (ii) los consejos comunales, (iii) la asamblea de ciudadanos, (iv) los cabildos abiertos, (v) los gobiernos comunitarios. Por lo tanto, las próximas elecciones pasan a ser el canal que materialice la construcción de un nuevo Estado: el Estado revolucionario del poder popular.
No obstante, hay que precisar el modo de asumir esas elecciones. Para el revolucionario auténtico, las elecciones son para tomar el poder y cederlo al pueblo. Por el contrario, para el contra-revolucionario o reformista las elecciones son para mantener la estructura de dominio sobre pueblo. La primera concepción se inscribe dentro del espíritu del acto revolucionario. Es colocar el gobierno al servicio del colectivo. Es darle viabilidad a la democracia directa. Es consolidar el poder constituyente. Por su parte, el reformista desea ganar las elecciones para usufructuar del poder: beneficio para sí mismo y su grupo excluyendo a la comunidad organizada. Esto en sí es un acto burocrático. Es darle continuidad al reformismo. Es tolerar la vigencia del sistema político de democracia representativa. Es mantener la estructura clientelar.
En la coyuntura electoral del 23/11 se hace indispensable el acto revolucionario, tanto en su concepción ideológica como en su práctica. Tomar el poder a través de las elecciones es para convertir las gobernaciones y alcaldías en vocerías populares. Es además no instalarse en las edificaciones que hoy son símbolo del ejercicio del mando. No hay que volver a entrar a esas casas o edificios. Demostrar que se va a profundizar la Revolución pasa por ubicar las sedes del gobierno (convertidas en vocería del pueblo) en las comunidades organizadas.
Las elecciones del 23/11 significa la lucha por el bien común y reemplazar el mando reformista por la acción revolucionaria, valga decir: (i) asumir el gobernador y los alcaldes su nuevo rol de vocero del pueblo; (ii) transferir la toma de decisiones a la asamblea de ciudadanos en su nivel respectivo; (iii) establecer el método de rendición de cuentas ante las organizaciones comunitarias; (iii) darle consistencia a los mandatos constitucionales de cogobierno (estado-pueblo), a través de las asambleas populares; consejos comunales; contraloría social; cabildos abiertos; y demás organizaciones que invente la comunidad consciente y organizada; (iv) propiciar la vía constituyente para mutar las estructuras rígidas que aún no se ajustan a la revolución bolivariana.
Pero, transformar gobernación y alcaldías en vocerías y luchar por instaurar el poder popular demanda: (i) identificación plena con el pueblo (amor al prójimo); (ii) convencimiento ideológico (socialismo); (iii) compromiso con
la revolución (desprendimiento del orden material de las cosas); (iv) conciencia de servicio a la causa emancipadora. Si no se siente esto en el alma, si no se ha incubado en el corazón, ni se ha practicado el bien común fundamentado en la buena voluntad, será muy difícil alcanzar las metas revolucionarias. Sin espíritu revolucionario el pragmatismo corruptor continuará vivo. Por lo tanto, solo la conciencia del colectivo logrará la determinación de los líderes que se identifican con sus luchas. Luchar por el pueblo significa la desintegración de las cúpulas y la eliminación de las decisiones cupulares.
No obstante, hay que precisar el modo de asumir esas elecciones. Para el revolucionario auténtico, las elecciones son para tomar el poder y cederlo al pueblo. Por el contrario, para el contra-revolucionario o reformista las elecciones son para mantener la estructura de dominio sobre pueblo. La primera concepción se inscribe dentro del espíritu del acto revolucionario. Es colocar el gobierno al servicio del colectivo. Es darle viabilidad a la democracia directa. Es consolidar el poder constituyente. Por su parte, el reformista desea ganar las elecciones para usufructuar del poder: beneficio para sí mismo y su grupo excluyendo a la comunidad organizada. Esto en sí es un acto burocrático. Es darle continuidad al reformismo. Es tolerar la vigencia del sistema político de democracia representativa. Es mantener la estructura clientelar.
En la coyuntura electoral del 23/11 se hace indispensable el acto revolucionario, tanto en su concepción ideológica como en su práctica. Tomar el poder a través de las elecciones es para convertir las gobernaciones y alcaldías en vocerías populares. Es además no instalarse en las edificaciones que hoy son símbolo del ejercicio del mando. No hay que volver a entrar a esas casas o edificios. Demostrar que se va a profundizar la Revolución pasa por ubicar las sedes del gobierno (convertidas en vocería del pueblo) en las comunidades organizadas.
Las elecciones del 23/11 significa la lucha por el bien común y reemplazar el mando reformista por la acción revolucionaria, valga decir: (i) asumir el gobernador y los alcaldes su nuevo rol de vocero del pueblo; (ii) transferir la toma de decisiones a la asamblea de ciudadanos en su nivel respectivo; (iii) establecer el método de rendición de cuentas ante las organizaciones comunitarias; (iii) darle consistencia a los mandatos constitucionales de cogobierno (estado-pueblo), a través de las asambleas populares; consejos comunales; contraloría social; cabildos abiertos; y demás organizaciones que invente la comunidad consciente y organizada; (iv) propiciar la vía constituyente para mutar las estructuras rígidas que aún no se ajustan a la revolución bolivariana.
Pero, transformar gobernación y alcaldías en vocerías y luchar por instaurar el poder popular demanda: (i) identificación plena con el pueblo (amor al prójimo); (ii) convencimiento ideológico (socialismo); (iii) compromiso con
la revolución (desprendimiento del orden material de las cosas); (iv) conciencia de servicio a la causa emancipadora. Si no se siente esto en el alma, si no se ha incubado en el corazón, ni se ha practicado el bien común fundamentado en la buena voluntad, será muy difícil alcanzar las metas revolucionarias. Sin espíritu revolucionario el pragmatismo corruptor continuará vivo. Por lo tanto, solo la conciencia del colectivo logrará la determinación de los líderes que se identifican con sus luchas. Luchar por el pueblo significa la desintegración de las cúpulas y la eliminación de las decisiones cupulares.
viernes, 27 de junio de 2008
Base del triunfo el 23/11
El modelo del ejercicio político implícito en la construcción del SSXXI es la democracia revolucionaria. Esto es el modo de ejercer los derechos ciudadanos, consagrados en la Constitución Bolivariana, para dirigir la sociedad con base en el cambio de estructura que lo sustentan sus tres postulados fundamentales: (i) el bien común (cambio en las relaciones sociales), (ii) la participación directa (cambio en las relaciones de poder) y (iii) la producción social (cambio en las relaciones de producción). La democracia revolucionaria es diametralmente opuesta a la democracia representativa, pero es sinónimo de democracia directa. Busca la democracia revolucionaria establecer el poder popular que es en última instancia la razón de ser del proceso revolucionario. El poder popular se basa en la transferencia de la toma de decisiones al pueblo organizado.
Cuando el pueblo de manera consciente, estructurado en unidades socialistas planificadas y siguiendo las metas que trazan los proyectos para la emancipación soberana del colectivo, se asciende a un nuevo estadio en la evolución de la sociedad. Esta acción se traduce en participación directa lo que significa que la dirección del gobierno, las líneas maestras (tácticas y estratégicas) que definen el rumbo de la República y la concepción filosófica del ser para el ejercicio político, lo determina el mismo pueblo sin la intermediación de entes colaterales o de intermediación. Esencia, pues, de la democracia directa. Nada fácil de alcanzar, pero es la lucha que libra hoy el Proceso Revolucionario. La democracia directa o democracia revolucionaria, que para mi es lo mismo, requiere de consciencia, capacidad de asimilación, voluntad y constancia del colectivo revolucionario para poder sustituir la cultura representativa arraigada en nuestro pueblo. Lo representativo se traduce en clientelismo, pragmatismo y consumismo atado al ejercicio del poder de las cúpulas. Es por lo tanto exclusión, sectarismo, cogollismo y pragmatismo corruptor. Por ser usufructuaria, la representación niega la participación de la gran mayoría, generando su alienación, lo que se traduce en la pérdida de la consciencia crítica. Es, en última instancia, la contrarrevolución, ya que no busca el cambio de estructura de la sociedad, sino por el contrario aferrarse a la manutención estructural. Su práctica es la sustitución de los hombre o mujeres que administran o dirigen el aparato del Estado y de las instancias de mando de la sociedad, pero sin cambiar la estructura social.
El Proceso Revolucionario, cuya meta es la consolidación de la revolución, sí tiene que buscar el cambio de estructura. Si no lo busca y, por lo tanto, no lo alcanza entonces no es revolución. Es sencillamente continuar con la representación y el sostenimiento de la cúpula como ente de dirección. De allí que la democracia revolucionaria como sinónimo de democracia directa y medio para la práctica del Socialismo, tiene por fin el establecimiento del poder popular. Debemos saber que el poder popular, concepto usado como muletilla propagandística y el cual no es lema ni debemos abusar de su empleo emulando a quienes lo minimizan; decía, el poder popular es el ejercicio directo del pueblo organizado que se deriva de la acción colectiva, consciente y planificada, para dirigir la República sin operadores políticos.
Entonces, dada la importancia de digerir estos conceptos y actuar, tenemos como responsabilidad primaria estudiarlos y asimilarlos para hacerlos parte de nuestra cotidianidad cognitiva.
Cuando el pueblo de manera consciente, estructurado en unidades socialistas planificadas y siguiendo las metas que trazan los proyectos para la emancipación soberana del colectivo, se asciende a un nuevo estadio en la evolución de la sociedad. Esta acción se traduce en participación directa lo que significa que la dirección del gobierno, las líneas maestras (tácticas y estratégicas) que definen el rumbo de la República y la concepción filosófica del ser para el ejercicio político, lo determina el mismo pueblo sin la intermediación de entes colaterales o de intermediación. Esencia, pues, de la democracia directa. Nada fácil de alcanzar, pero es la lucha que libra hoy el Proceso Revolucionario. La democracia directa o democracia revolucionaria, que para mi es lo mismo, requiere de consciencia, capacidad de asimilación, voluntad y constancia del colectivo revolucionario para poder sustituir la cultura representativa arraigada en nuestro pueblo. Lo representativo se traduce en clientelismo, pragmatismo y consumismo atado al ejercicio del poder de las cúpulas. Es por lo tanto exclusión, sectarismo, cogollismo y pragmatismo corruptor. Por ser usufructuaria, la representación niega la participación de la gran mayoría, generando su alienación, lo que se traduce en la pérdida de la consciencia crítica. Es, en última instancia, la contrarrevolución, ya que no busca el cambio de estructura de la sociedad, sino por el contrario aferrarse a la manutención estructural. Su práctica es la sustitución de los hombre o mujeres que administran o dirigen el aparato del Estado y de las instancias de mando de la sociedad, pero sin cambiar la estructura social.
El Proceso Revolucionario, cuya meta es la consolidación de la revolución, sí tiene que buscar el cambio de estructura. Si no lo busca y, por lo tanto, no lo alcanza entonces no es revolución. Es sencillamente continuar con la representación y el sostenimiento de la cúpula como ente de dirección. De allí que la democracia revolucionaria como sinónimo de democracia directa y medio para la práctica del Socialismo, tiene por fin el establecimiento del poder popular. Debemos saber que el poder popular, concepto usado como muletilla propagandística y el cual no es lema ni debemos abusar de su empleo emulando a quienes lo minimizan; decía, el poder popular es el ejercicio directo del pueblo organizado que se deriva de la acción colectiva, consciente y planificada, para dirigir la República sin operadores políticos.
Entonces, dada la importancia de digerir estos conceptos y actuar, tenemos como responsabilidad primaria estudiarlos y asimilarlos para hacerlos parte de nuestra cotidianidad cognitiva.
jueves, 19 de junio de 2008
La Fuerza Ideológica
La fuerza A,B es la voluntad puesta de manifiesto por el revolucionario para materializar la traslación revolucionaria (transferencia de la toma de decisiones a las comunidades organizadas). La fuerza A,B es una acción autogestionada decida por convicción y espontaneidad para actuar en los distintos campos operacionales que la coyuntura actual del Proceso Revolucionario demanda: (i) formación Ideológica, (ii) conceptualización teórica y (iii) cambio de estructura.
La fuerza A,B se compone de vectores, es decir, los
elementos energéticos del individuo, del grupo comunitario o de la masa revolucionaria que generan la energía morfogenética (centrifugadora de acciones múltiples) para transformar las realidades (cultura, pensamiento y naturaleza humana), elevar la conciencia, transferir el poder a las comunidades y alcanzar el máximo nivel de consolidación de la revolución: materializar la plenitud del Bien común del colectivo.
Considero que los vectores que constituyen esta fuerza A,B son dos: el 1,2 que comprende la espiritualidad del ser humano; y el vector 3,4 que está referido a la racionalidad del individuo.
El vector 1,2 lo identificamos como la potencia interior del ser que lo mueve, lo incentiva, lo empuja a alcanzar, decididamente sin dejarse vencer por las adversidades, los objetivos revolucionarios. Es lograr un nivel de absoluta disposición para luchar por sus creencias, sus ideas y sus razones. Esa vitalidad interior pujante es consecuencia de los factores espirituales que intervienen en el yo interior del individuo. Factores que deben ser madurados, trabajados internamente por cada revolucionario. Los factores espirituales tienen que entenderse para asimilarlos o, si no se ha alcanzado ese nivel de claridad todavía, descubrirlos y procesarlos a fin de hacerlos parte de su vida cotidiana.
Considero cuatro factores como los básicos generadores del dinamismo que el individuo necesita para ser un aliado incondicional de por vida al Proceso Revolucionario. A esos factores los clasifico por su atributos valorativos en rangos jerárquicos de la siguiente manera: (i) los principios y virtudes del individuo; (ii) la unidad colectiva, creadora del espíritu de cuerpo; (iii) el sentido de pertenencia al Proceso; y (iv) el pleno compromiso con la revolución.
El vector 3,4 entendido como la racionalidad del individuo (razón basada en un marco conceptual teórico), se bifurca en dos direcciones: conciencia y talento. La conciencia es el resultado de la producción intelectual generada por el estudio disciplinado y permanente, la investigación creadora y la elaboración de conocimientos procesados. Se identifica este nivel cognitivo del ser, cuando se construyen los juicios por la vía de la asociación de conceptos cuya relación y sumatoria final conduce a la organización del pensamiento crítico. Condición necesaria para objetar el efecto de la alienación cultural. Punto de partida para producir cambios en el sistema cultural heredado de la IV República.
El establecimiento de la Revolución, se elevará a dimensiones de franco desarrollo cuando se produzca, domine e internalice íntegramente la Fuerza A,B.
La fuerza A,B se compone de vectores, es decir, los
elementos energéticos del individuo, del grupo comunitario o de la masa revolucionaria que generan la energía morfogenética (centrifugadora de acciones múltiples) para transformar las realidades (cultura, pensamiento y naturaleza humana), elevar la conciencia, transferir el poder a las comunidades y alcanzar el máximo nivel de consolidación de la revolución: materializar la plenitud del Bien común del colectivo.
Considero que los vectores que constituyen esta fuerza A,B son dos: el 1,2 que comprende la espiritualidad del ser humano; y el vector 3,4 que está referido a la racionalidad del individuo.
El vector 1,2 lo identificamos como la potencia interior del ser que lo mueve, lo incentiva, lo empuja a alcanzar, decididamente sin dejarse vencer por las adversidades, los objetivos revolucionarios. Es lograr un nivel de absoluta disposición para luchar por sus creencias, sus ideas y sus razones. Esa vitalidad interior pujante es consecuencia de los factores espirituales que intervienen en el yo interior del individuo. Factores que deben ser madurados, trabajados internamente por cada revolucionario. Los factores espirituales tienen que entenderse para asimilarlos o, si no se ha alcanzado ese nivel de claridad todavía, descubrirlos y procesarlos a fin de hacerlos parte de su vida cotidiana.
Considero cuatro factores como los básicos generadores del dinamismo que el individuo necesita para ser un aliado incondicional de por vida al Proceso Revolucionario. A esos factores los clasifico por su atributos valorativos en rangos jerárquicos de la siguiente manera: (i) los principios y virtudes del individuo; (ii) la unidad colectiva, creadora del espíritu de cuerpo; (iii) el sentido de pertenencia al Proceso; y (iv) el pleno compromiso con la revolución.
El vector 3,4 entendido como la racionalidad del individuo (razón basada en un marco conceptual teórico), se bifurca en dos direcciones: conciencia y talento. La conciencia es el resultado de la producción intelectual generada por el estudio disciplinado y permanente, la investigación creadora y la elaboración de conocimientos procesados. Se identifica este nivel cognitivo del ser, cuando se construyen los juicios por la vía de la asociación de conceptos cuya relación y sumatoria final conduce a la organización del pensamiento crítico. Condición necesaria para objetar el efecto de la alienación cultural. Punto de partida para producir cambios en el sistema cultural heredado de la IV República.
El establecimiento de la Revolución, se elevará a dimensiones de franco desarrollo cuando se produzca, domine e internalice íntegramente la Fuerza A,B.
Curso ideológico
Reorganizo el curso de capacitación ideológica en siete partes: (i) Proceso Revolucionario, (ii) SSXXI, (iii) Bien Común, (iv) Capitalismo vs., Socialismo, (v) Clientelismo, (vi) Cambio de Estructura, y (vii) Energía Morfogenética. Siete partes cuyos contenidos pasan a convertirse en un instrumento de análisis, captación y lucha política en la nueva fase coyuntural en que se encuentra el escenario político del 2008. Instrumento que denominaremos “Curso intensivo para la capacitación de difusores ideológicos en la coyuntura electoral del 23/11”.
Este curso de seis horas está dirigido al luchador revolucionario, convencido del Proceso, preocupado por la profundización de la Revolución e inquieto por la situación política de confrontación con la oposición. Su finalidad es preparar al militante para enseñar la ideología revolucionaria. El curso servirá de estímulo permanente para reforzar el marco teórico individual y generar acciones centrifugadoras a fin de potenciar la suma de lealtades a la Revolución Bolivariana. Acciones de producción intelectual para que en la primera fase de la coyuntura recién iniciada este mes, se proceda voluntariamente a la difusión ideológica en todos los espacios de la geografía nacional.
Una vez culminado el curso, cada participante deberá organizar su propio equipo político con el objeto de verificar el manejo de los conceptos básicos y la didáctica a emplear para la difusión. El equipo tiene que constituirse con cuadros ganados por la revolución y elaborar su propio plan de acción dirigido a la difusión ideológica en el ámbito de su competencia. Además tiene que organizar otros equipos (uno por cada miembro) que multipliquen la actividad concientizadora.
En la primera etapa de la formación de los grupos políticos, una vez puesto en escena el plan de concientización, se reforzará al equipo con un segundo curso de capacitación que estudie las partes estructurales de la transformación revolucionaria, valga decir: (i) precisar el método del socialismo del Siglo XXI para cambiar las relaciones de producción, (ii) evaluar las nuevas categorías políticas opuestas a las capitalistas, (iii) analizar la producción basada en el Bien Común, (iv) determinar la metodología para la integración latinoamericana, (v) estudiar la “Contención” como estrategia geopolítica de las fuerzas internacionales contrarias al Proceso venezolano, y (vi) procesar los elementos doctrinarios y operativos de la defensa integral.
Este segundo curso desarrollará intrínsicamente el talento revolucionario para la formulación de estrategias de pequeños grupos a los fines de ampliar la captación de los miembros de la comunidad para el Proceso Revolucionario.
El primer curso podrá impartirse tantas veces y en tantos lugares como la demanda de conocimiento ideológico lo determine. Por lo pronto, un primer curso abierto a toda la comunidad y principalmente a la militancia del PSUV lo tendremos en Anzoátegui el sábado 28 de junio entre 09.00 y 15.00.
Cuando se organice el equipo, elabore su plan de acción y ejecute sus primeros eventos didácticos, a partir de ese momento se podrá convertir en Centro de Formación Ideológica (CFI) y por lo tanto determinar sus actividades con base en los tres objetivos que lo definen y que son fundamentales para avanzar hacia el socialismo: difusión ideológica, formación política e investigación teórica.
Este curso de seis horas está dirigido al luchador revolucionario, convencido del Proceso, preocupado por la profundización de la Revolución e inquieto por la situación política de confrontación con la oposición. Su finalidad es preparar al militante para enseñar la ideología revolucionaria. El curso servirá de estímulo permanente para reforzar el marco teórico individual y generar acciones centrifugadoras a fin de potenciar la suma de lealtades a la Revolución Bolivariana. Acciones de producción intelectual para que en la primera fase de la coyuntura recién iniciada este mes, se proceda voluntariamente a la difusión ideológica en todos los espacios de la geografía nacional.
Una vez culminado el curso, cada participante deberá organizar su propio equipo político con el objeto de verificar el manejo de los conceptos básicos y la didáctica a emplear para la difusión. El equipo tiene que constituirse con cuadros ganados por la revolución y elaborar su propio plan de acción dirigido a la difusión ideológica en el ámbito de su competencia. Además tiene que organizar otros equipos (uno por cada miembro) que multipliquen la actividad concientizadora.
En la primera etapa de la formación de los grupos políticos, una vez puesto en escena el plan de concientización, se reforzará al equipo con un segundo curso de capacitación que estudie las partes estructurales de la transformación revolucionaria, valga decir: (i) precisar el método del socialismo del Siglo XXI para cambiar las relaciones de producción, (ii) evaluar las nuevas categorías políticas opuestas a las capitalistas, (iii) analizar la producción basada en el Bien Común, (iv) determinar la metodología para la integración latinoamericana, (v) estudiar la “Contención” como estrategia geopolítica de las fuerzas internacionales contrarias al Proceso venezolano, y (vi) procesar los elementos doctrinarios y operativos de la defensa integral.
Este segundo curso desarrollará intrínsicamente el talento revolucionario para la formulación de estrategias de pequeños grupos a los fines de ampliar la captación de los miembros de la comunidad para el Proceso Revolucionario.
El primer curso podrá impartirse tantas veces y en tantos lugares como la demanda de conocimiento ideológico lo determine. Por lo pronto, un primer curso abierto a toda la comunidad y principalmente a la militancia del PSUV lo tendremos en Anzoátegui el sábado 28 de junio entre 09.00 y 15.00.
Cuando se organice el equipo, elabore su plan de acción y ejecute sus primeros eventos didácticos, a partir de ese momento se podrá convertir en Centro de Formación Ideológica (CFI) y por lo tanto determinar sus actividades con base en los tres objetivos que lo definen y que son fundamentales para avanzar hacia el socialismo: difusión ideológica, formación política e investigación teórica.
jueves, 5 de junio de 2008
Lo dijo Chávez
La búsqueda por alcanzar la revolución siempre estuvo concebida bajo el método de la vía violenta. Los antecedentes del proceso actual hay que ubicarlos en la lucha armada de los años 60. Allí está el origen de lo que hoy se construye en Venezuela. Esos pioneros que a lo largo de más de tres décadas lucharon y hasta entregaron su vida por la revolución tienen que ser reivindicados. Su acción y su pensamiento influyeron en la vía revolucionaria. No obstante, el año 1997 marca un hito en la historia política de Venezuela. Me refiero a la Asamblea Extraordinaria del MBR-200 en Valencia. Las decisiones que en ese evento se adoptaron crearon un nuevo paradigma para hacer la revolución. Ya no sería la acción violenta el método revolucionario sino el electoral.
Aunque el cambio de paradigma se inclinó por las elecciones, eso no significa que el modelo político revolucionario tiene que ser igual al representativo. Es más, hay que diferenciar muy bien entre lo que es ganar las elecciones como acto burocrático o tomar el poder como acto revolucionario. En ambos casos se emplea el método electoral. Pero, el burocrático es darle continuidad a la democracia representativa. Es mantener el Estado para el usufructo del poder. Es sostener a los representantes como cúpulas y materializar la “teoría del manguito”. Ésta se refiere a darle un solo manguito al pueblo, mientras que las cúpulas se quedan con la mata entera, cargada de jugosos y dulces mangos. Esa mata le pertenece al pueblo, pero por falta de conciencia o menesterosidad el pueblo no la reclama. La oposición actual simboliza a la democracia representativa. Su acción está inmersa dentro del concepto de las cúpulas reformistas, que se apropian de la “mata de mango” del pueblo. Algunos “revolucionarios” que no se han dado cuenta todavía de las diferencias ideológicas entre lo representativo y lo revolucionario, asumen las elecciones como acto burocrático. Aspiran el poder no para el pueblo sino para usufructuarlo.
La diferencia del acto burocrático con respecto al acto revolucionario es que lo electoral va a sustituir el método de tomar el poder. El acto revolucionario materializa la revolución, tal como se buscaba por la vía violenta antes de 1997. Es colocar el gobierno al servicio del pueblo y darle viabilidad a la democracia directa (gobiernos comunitarios, asambleas populares, cabildos abiertos, contraloría social, consejos locales de planificación, consejos comunales, asociaciones de ciudadanos,). Es despertar al pueblo para consolidar el poder constituyente. El militante que va a las elecciones para tomar el poder y hacer del acto electoral un acto revolucionario, estará en sintonía con la base ideológica de la revolución. Será un camarada que se convertirá en instrumento del pueblo y, por lo tanto, no decidirá nada de los asuntos públicos que le competen a la comunidad sin la consulta popular. Como instrumento del pueblo tendrá que estimular los canales de su participación directa y propendrá a crear las condiciones para sustituir el Estado de la democracia representativa, por el Estado de la revolución bolivariana.
Aunque el cambio de paradigma se inclinó por las elecciones, eso no significa que el modelo político revolucionario tiene que ser igual al representativo. Es más, hay que diferenciar muy bien entre lo que es ganar las elecciones como acto burocrático o tomar el poder como acto revolucionario. En ambos casos se emplea el método electoral. Pero, el burocrático es darle continuidad a la democracia representativa. Es mantener el Estado para el usufructo del poder. Es sostener a los representantes como cúpulas y materializar la “teoría del manguito”. Ésta se refiere a darle un solo manguito al pueblo, mientras que las cúpulas se quedan con la mata entera, cargada de jugosos y dulces mangos. Esa mata le pertenece al pueblo, pero por falta de conciencia o menesterosidad el pueblo no la reclama. La oposición actual simboliza a la democracia representativa. Su acción está inmersa dentro del concepto de las cúpulas reformistas, que se apropian de la “mata de mango” del pueblo. Algunos “revolucionarios” que no se han dado cuenta todavía de las diferencias ideológicas entre lo representativo y lo revolucionario, asumen las elecciones como acto burocrático. Aspiran el poder no para el pueblo sino para usufructuarlo.
La diferencia del acto burocrático con respecto al acto revolucionario es que lo electoral va a sustituir el método de tomar el poder. El acto revolucionario materializa la revolución, tal como se buscaba por la vía violenta antes de 1997. Es colocar el gobierno al servicio del pueblo y darle viabilidad a la democracia directa (gobiernos comunitarios, asambleas populares, cabildos abiertos, contraloría social, consejos locales de planificación, consejos comunales, asociaciones de ciudadanos,). Es despertar al pueblo para consolidar el poder constituyente. El militante que va a las elecciones para tomar el poder y hacer del acto electoral un acto revolucionario, estará en sintonía con la base ideológica de la revolución. Será un camarada que se convertirá en instrumento del pueblo y, por lo tanto, no decidirá nada de los asuntos públicos que le competen a la comunidad sin la consulta popular. Como instrumento del pueblo tendrá que estimular los canales de su participación directa y propendrá a crear las condiciones para sustituir el Estado de la democracia representativa, por el Estado de la revolución bolivariana.
jueves, 29 de mayo de 2008
Las Flechas
Es imperativo destacar la esencia de la racionalidad revolucionaria. Insistir en la formación política. No abandonar jamás la lucha por hacer realidad la revolución. Esforzarse por aceptar la lógica de los pensadores. Ilustrarse de la sabiduría universal donde existe el pensamiento emancipador de los pueblos. Entender, al fin de cuentas, que el proceso revolucionario se construye, se arma minuciosamente con la buena voluntad de los hombres llenos de ideales.
Entramos en la fase de la producción intelectual y la práctica concreta de profundizar el Proceso. Momento que exige a los constructores del nuevo sistema político temperancia, conciencia y, sobre todo, humildad. Punto decisivo para diferenciar lo que es reforma y lo que es revolución. Coyuntura para sincerar posiciones políticas e ideológicas. Línea divisoria que marca la realidad de los dos sistemas políticos encontrados: democracia representativa y Revolución Bolivariana. Estamos, entonces, de frente a la historia y con la obligación de rendir cuentas al pueblo y a nosotros mismos.
Se hace necesario también observar que la masa popular, el pueblo como estructura política, ha ascendido en sus niveles de conciencia. Ya no es el mismo. Aquella masa sumisa y conforme con un saco de cemento, láminas de zinc, ladrillos y una bolsa de comida, sabe ahora lo que es el poder popular. Intuye y palpa el significado de la emancipación. Por lo tanto, para no errar de nuevo ante el pueblo, hay que tomar la dirección correcta. Los nuevos escenarios señalan dos rumbos a seguir. Las flechas del destino así lo marcan. La flecha hacia la derecha es para no romper con la cultura política que impuso la IV República. Por lo tanto, es mantenerse apegados al sistema de la democracia representativa, aceptar la reforma y olvidarse del sueño revolucionario. Es hacerle ofertas al pueblo para ganar indulgencias y no cumplirlas. Es también, hablar en nombre de la revolución pero actuar como reformista. Es, además, emplear el poder para usufructuarlo (práctica de la democracia representativa) y no para alcanzar el bien común (meta de la Revolución Bolivariana).
La otra flecha, que orienta hacia la izquierda, es la senda para asumir la lucha por consolidar el Proceso. Es la flecha que nos señala el Presidente. Lo que implica: (i) claridad ideológica para actuar como un ser de buena voluntad; (ii) aprehender para sí la conciencia revolucionaria y convertirse en un auténtico promotor del bien común; (iii) estimular la formación política propia y de la militancia para contrarrestar los efectos demoledores de la fascinación del poder; (iv) canalizar los actos revolucionarios como la vía constitucional para la toma del poder regional y local; (v) fundamentar los actos constituyentes para sustituir el Estado de la IV República; (vi) inducir el fomento de los principios éticos y morales a fin de interactuar con base en la humildad y el amor por el prójimo. Esa es la flecha que sigue el revolucionario que asume el cambio estructural de la sociedad basado en el Proyecto Socialista de ruptura de paradigmas.
Entramos en la fase de la producción intelectual y la práctica concreta de profundizar el Proceso. Momento que exige a los constructores del nuevo sistema político temperancia, conciencia y, sobre todo, humildad. Punto decisivo para diferenciar lo que es reforma y lo que es revolución. Coyuntura para sincerar posiciones políticas e ideológicas. Línea divisoria que marca la realidad de los dos sistemas políticos encontrados: democracia representativa y Revolución Bolivariana. Estamos, entonces, de frente a la historia y con la obligación de rendir cuentas al pueblo y a nosotros mismos.
Se hace necesario también observar que la masa popular, el pueblo como estructura política, ha ascendido en sus niveles de conciencia. Ya no es el mismo. Aquella masa sumisa y conforme con un saco de cemento, láminas de zinc, ladrillos y una bolsa de comida, sabe ahora lo que es el poder popular. Intuye y palpa el significado de la emancipación. Por lo tanto, para no errar de nuevo ante el pueblo, hay que tomar la dirección correcta. Los nuevos escenarios señalan dos rumbos a seguir. Las flechas del destino así lo marcan. La flecha hacia la derecha es para no romper con la cultura política que impuso la IV República. Por lo tanto, es mantenerse apegados al sistema de la democracia representativa, aceptar la reforma y olvidarse del sueño revolucionario. Es hacerle ofertas al pueblo para ganar indulgencias y no cumplirlas. Es también, hablar en nombre de la revolución pero actuar como reformista. Es, además, emplear el poder para usufructuarlo (práctica de la democracia representativa) y no para alcanzar el bien común (meta de la Revolución Bolivariana).
La otra flecha, que orienta hacia la izquierda, es la senda para asumir la lucha por consolidar el Proceso. Es la flecha que nos señala el Presidente. Lo que implica: (i) claridad ideológica para actuar como un ser de buena voluntad; (ii) aprehender para sí la conciencia revolucionaria y convertirse en un auténtico promotor del bien común; (iii) estimular la formación política propia y de la militancia para contrarrestar los efectos demoledores de la fascinación del poder; (iv) canalizar los actos revolucionarios como la vía constitucional para la toma del poder regional y local; (v) fundamentar los actos constituyentes para sustituir el Estado de la IV República; (vi) inducir el fomento de los principios éticos y morales a fin de interactuar con base en la humildad y el amor por el prójimo. Esa es la flecha que sigue el revolucionario que asume el cambio estructural de la sociedad basado en el Proyecto Socialista de ruptura de paradigmas.
miércoles, 14 de mayo de 2008
Para no perder la Revolución
Dos niveles definen el campo actual de la difusión ideológica. Un primer nivel se ubica en el plano teórico-conceptual; plano permanente y estratégico. El otro, es el operativo: lo táctico y pragmático. Ambos niveles configuran la situación vigente que determina la profundización o no del Proceso. El avance y consolidación del Proceso Revolucionario se alcanzará si damos la batalla y obtenemos la victoria en la lucha ideológica.
El plano teórico-conceptual se refiere a la estructuración de las ideas fundamentales de la búsqueda revolucionaria. Es, principalmente, la confrontación entre reforma (manutención de la estructura) o revolución (cambio de estructura). Lo que exige definiciones inequívocas. Todavía el aparato del Estado y gran parte de las organizaciones de la sociedad guardan un porcentaje muy elevado de individuos que no se han podido desprender de la cultura reformista de la cuarta república; y, por lo tanto, sucumben ante la fascinación del poder. Se incrustan en la lujuria cupular del mando y se olvidan del prójimo. Se arman de interpretaciones subjetivas (disonancia cognitiva) de lo que es la revolución para montarse en la cacería de las comisiones. Caen en las redes de la corrupción y traicionan las metas revolucionarias. Otros, que no son revolucionarios, siguen viviendo del Estado. Cargos, contratos y negociados se imponen por encima del Bien Común. Se amparan ante un mal uso de la llamada “institucionalidad” para obstaculizar el avance del Proceso. Estos reformistas (de la V y de la IV) son en el fondo una cuerda de usufructuarios que haciendo uso del nombre de la revolución siguen alimentado la inmensa burocracia parasitaria y los hábitos del puntofijismo. Sólo con la conciencia revolucionaria inspirada en el árbol de la tres raíces (Bolívar, Rodríguez, Zamora), inspirada también en la huella que orienta la concepción originaria (Cristo, Ché) y sustentada en la democracia directa del SSXXI, se deslastrará la revolución de quienes no saben qué es eso, pero que viven de ella.
El otro plano de la batalla, lo que se propone es materializar los Centros de Formación Ideológica (CFI). La constitución de los CFI lleva implícito alcanzar la conciencia revolucionaria. Acto que obliga al estudio, la discusión y la investigación. En los CFI se aprende a pensar bajo los parámetros del marco conceptual de la tesis ideológica del Proceso Revolucionario. Además del CFI, en este plano operativo, se necesita crear el Centro de Estudio e Investigación de la Revolución Bolivariana (CEI-RB) para coordinar a la red ideológica tejida por los CFI, establecer la sede de los núcleos de investigación y generar la producción intelectual del Proceso.
La creación de los CFI y del CEI-RB, demanda voluntad y convencimiento políticos. Por lo que se requiere de una militancia revolucionaria despojada de los valores heredados de la democracia representativa para que pueda asumir la difusión ideológica como una tarea propia de la lucha cotidiana. Sin ese nivel de conciencia no solo se deja de operacionalizar la ideología, sino que veremos perecer la revolución.
El plano teórico-conceptual se refiere a la estructuración de las ideas fundamentales de la búsqueda revolucionaria. Es, principalmente, la confrontación entre reforma (manutención de la estructura) o revolución (cambio de estructura). Lo que exige definiciones inequívocas. Todavía el aparato del Estado y gran parte de las organizaciones de la sociedad guardan un porcentaje muy elevado de individuos que no se han podido desprender de la cultura reformista de la cuarta república; y, por lo tanto, sucumben ante la fascinación del poder. Se incrustan en la lujuria cupular del mando y se olvidan del prójimo. Se arman de interpretaciones subjetivas (disonancia cognitiva) de lo que es la revolución para montarse en la cacería de las comisiones. Caen en las redes de la corrupción y traicionan las metas revolucionarias. Otros, que no son revolucionarios, siguen viviendo del Estado. Cargos, contratos y negociados se imponen por encima del Bien Común. Se amparan ante un mal uso de la llamada “institucionalidad” para obstaculizar el avance del Proceso. Estos reformistas (de la V y de la IV) son en el fondo una cuerda de usufructuarios que haciendo uso del nombre de la revolución siguen alimentado la inmensa burocracia parasitaria y los hábitos del puntofijismo. Sólo con la conciencia revolucionaria inspirada en el árbol de la tres raíces (Bolívar, Rodríguez, Zamora), inspirada también en la huella que orienta la concepción originaria (Cristo, Ché) y sustentada en la democracia directa del SSXXI, se deslastrará la revolución de quienes no saben qué es eso, pero que viven de ella.
El otro plano de la batalla, lo que se propone es materializar los Centros de Formación Ideológica (CFI). La constitución de los CFI lleva implícito alcanzar la conciencia revolucionaria. Acto que obliga al estudio, la discusión y la investigación. En los CFI se aprende a pensar bajo los parámetros del marco conceptual de la tesis ideológica del Proceso Revolucionario. Además del CFI, en este plano operativo, se necesita crear el Centro de Estudio e Investigación de la Revolución Bolivariana (CEI-RB) para coordinar a la red ideológica tejida por los CFI, establecer la sede de los núcleos de investigación y generar la producción intelectual del Proceso.
La creación de los CFI y del CEI-RB, demanda voluntad y convencimiento políticos. Por lo que se requiere de una militancia revolucionaria despojada de los valores heredados de la democracia representativa para que pueda asumir la difusión ideológica como una tarea propia de la lucha cotidiana. Sin ese nivel de conciencia no solo se deja de operacionalizar la ideología, sino que veremos perecer la revolución.
jueves, 8 de mayo de 2008
Stravidis y el Comando Sur
El Almirante James Stravidis es el comandante del Comando Sur, agrupación de las fuerzas militares norteamericanas para el control de Latinoamérica.
Stravidis es un vocero de la guerra preventiva y fiel exponente de la doctrina de seguridad de EE.UU., hoy dirigida por Georges Bush. Con casi 2 años al frente del Comando, Stravidis ha sabido aplicar los conceptos estratégicos que le permiten mantener alianzas estrechas con los países del eje norteamericano. Basado en los intereses vitales de EE.UU., Stravidis ha sido un factor decisivo en la reactivación de la Cuarta Flota. Unidad naval que se une al ya poderoso componente militar que agrupa al ejército, marina de guerra, aviación y cuerpo de infantería de marina. El fortalecimiento del Comando Sur obedece a la nueva corriente política que se está consolidando en América Latina. Grave para los voceros de Bush significa el triunfo de Fernando Soto en Paraguay, pues altera el diseño del mapa geopolítico de gobiernos latinoamericanos que asumen la soberanía nacional como expresión antiimperialista. Lo ocurrido en Paraguay pone en alerta amarilla a las fuerzas del Comando Sur. No es casualidad el incremento de actividades de la Base Militar Mariscal Estigarribia, ubicada al noreste de la Asunción, la cual posee la mayor pista de aterrizaje del Cono Sur que facilita el aterrizaje de los equipos aéreos más sofisticados de esta generación de armas. Estigarribia puede albergar a 16.000 tropas y está equipada con radares de suficiente alcance para el control de la Triple Frontera (Paraguay, Brasil y Argentina), Bolivia, Argentina y parte de la Amazonía en Brasil.
El incremento de operaciones en Estigarribia obedece a tres factores estratégicos: (i) preparar las acciones de coacción al nuevo gobierno de Paraguay, una vez asuma la presidencia Fernando Soto. Además de asegurar el flujo de materia prima que suministra a EE.UU., principalmente la soya cuyos fines están sustentados en la producción de agrocombustible; (ii) mantener presencia activa de un poderoso contingente militar a 250 Kms de Bolivia, media hora de vuelo, para brindar apoyo a las tendencias separatistas de Santa Cruz y respaldar los intentos desestabilizadores de quienes pretenden derrocar al Presidente Evo Morales. Esto representa un objetivo vital para el Comando Sur. Stravidis ha enviado señales muy claras en cuanto a la disposición de su Comando de aplicar la fuerza para impedir la consolidación del gobierno popular, auónomo, soberano y antiimperialista de Morales; y (iii) como tercer objetivo, consideramos que las tareas concretas de acción de comando va en la dirección de mostrar sus músculos por medio del poderío militar (ahora se suma la Cuarta Flota) para contener el avance continental del Socialismo del Siglo XXI. No es justificable que seamos sorprendidos por la nueva fase militar del Comando Sur. Inclusive podemos afirmar que los planes del 2008 van más allá del gobierno de Bush. Se trata de una herencia hegemónica que se traduce en el poder mundial. Stravidis se refirió a ello cuando anunciaba con entera satisfacción la meta alcanzada de su gestión al explicar los ejercicios conjuntos con Argentina a partir de la primera semana de mayo. No sin dejar entrever la significancia de su estrecha relación con Perú, su alianza hermanada con Colombia, su influencia en el Caribe y su acomodaticia entrada en toda Centroamérica.
No obstante, el Comado Sur con su nueva fuerza de tarea como lo es la Cuarta Flota siempre obtendrá una resistencia feroz del pueblo emancipado de la América latina. Pues la conciencia que adquiere la comunidad latinoamericana es para ellos una amenaza asimétrica.
Stravidis es un vocero de la guerra preventiva y fiel exponente de la doctrina de seguridad de EE.UU., hoy dirigida por Georges Bush. Con casi 2 años al frente del Comando, Stravidis ha sabido aplicar los conceptos estratégicos que le permiten mantener alianzas estrechas con los países del eje norteamericano. Basado en los intereses vitales de EE.UU., Stravidis ha sido un factor decisivo en la reactivación de la Cuarta Flota. Unidad naval que se une al ya poderoso componente militar que agrupa al ejército, marina de guerra, aviación y cuerpo de infantería de marina. El fortalecimiento del Comando Sur obedece a la nueva corriente política que se está consolidando en América Latina. Grave para los voceros de Bush significa el triunfo de Fernando Soto en Paraguay, pues altera el diseño del mapa geopolítico de gobiernos latinoamericanos que asumen la soberanía nacional como expresión antiimperialista. Lo ocurrido en Paraguay pone en alerta amarilla a las fuerzas del Comando Sur. No es casualidad el incremento de actividades de la Base Militar Mariscal Estigarribia, ubicada al noreste de la Asunción, la cual posee la mayor pista de aterrizaje del Cono Sur que facilita el aterrizaje de los equipos aéreos más sofisticados de esta generación de armas. Estigarribia puede albergar a 16.000 tropas y está equipada con radares de suficiente alcance para el control de la Triple Frontera (Paraguay, Brasil y Argentina), Bolivia, Argentina y parte de la Amazonía en Brasil.
El incremento de operaciones en Estigarribia obedece a tres factores estratégicos: (i) preparar las acciones de coacción al nuevo gobierno de Paraguay, una vez asuma la presidencia Fernando Soto. Además de asegurar el flujo de materia prima que suministra a EE.UU., principalmente la soya cuyos fines están sustentados en la producción de agrocombustible; (ii) mantener presencia activa de un poderoso contingente militar a 250 Kms de Bolivia, media hora de vuelo, para brindar apoyo a las tendencias separatistas de Santa Cruz y respaldar los intentos desestabilizadores de quienes pretenden derrocar al Presidente Evo Morales. Esto representa un objetivo vital para el Comando Sur. Stravidis ha enviado señales muy claras en cuanto a la disposición de su Comando de aplicar la fuerza para impedir la consolidación del gobierno popular, auónomo, soberano y antiimperialista de Morales; y (iii) como tercer objetivo, consideramos que las tareas concretas de acción de comando va en la dirección de mostrar sus músculos por medio del poderío militar (ahora se suma la Cuarta Flota) para contener el avance continental del Socialismo del Siglo XXI. No es justificable que seamos sorprendidos por la nueva fase militar del Comando Sur. Inclusive podemos afirmar que los planes del 2008 van más allá del gobierno de Bush. Se trata de una herencia hegemónica que se traduce en el poder mundial. Stravidis se refirió a ello cuando anunciaba con entera satisfacción la meta alcanzada de su gestión al explicar los ejercicios conjuntos con Argentina a partir de la primera semana de mayo. No sin dejar entrever la significancia de su estrecha relación con Perú, su alianza hermanada con Colombia, su influencia en el Caribe y su acomodaticia entrada en toda Centroamérica.
No obstante, el Comado Sur con su nueva fuerza de tarea como lo es la Cuarta Flota siempre obtendrá una resistencia feroz del pueblo emancipado de la América latina. Pues la conciencia que adquiere la comunidad latinoamericana es para ellos una amenaza asimétrica.
miércoles, 30 de abril de 2008
Venezuela: Amenaza Asimétrica
Los gobiernos imperiales de los EE.UU., no tienen amigos, sino socios. No tienen principios, sino intereses. Meta que logran con la palanca más poderosa del mundo: las fuerzas militares. El aparato militar mundial norteamericano, organizado con base en comandos estratégicos, actúa en cualquier parte del planeta a su entera discrecionalidad.
El plan maestro VC 2020, los documentos Santa Fé, los planes del Comando Estratégico del Sur, el Plan Colombia repotenciado y sus derivados hacia Venezuela, las maniobras tácticas conjuntas con militares de países latinoamericanos, como por ejemplo los ejercicios conjuntos Gaucho-Gringo 2008 que se efectuaran en Argentina la próxima semana, todos responden a la concepción estratégica del dominio del espectro global.
En esta línea hegemónica y vista la rebeldía del conjunto de países latinoamericanos (Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Ecuador y posiblemente Paraguay) que apuntan a la emancipación de sus pueblos, al Comando Sur le asignan la tarea de reactivar la Cuarta Flota (desaparecida hace 50 años), como una fuerza naval en Latinoamérica para explotar el factor Psicológico y la coacción hacia los gobiernos que asumen posiciones soberanas y antiimperialistas. El propósito de la Cuarta Flota será preservar la seguridad continental, de acuerdo a lo señalado por el Almirante James Stravidis, quien muy claro lo dijo: “…servirá para enviarle un mensaje a toda la región, no sólo a Venezuela.”
Posturas que obedecen al paquete de intereses vitales, definidos unilateralmente desde la cúpula de la Casa Blanca. Tres de ellos son suficiente para relacionar la estrategia de dominio y sus planes militares: (i) prevenir la aparición de coaliciones regionales que sean hostiles a EE.UU. (Alba, Unasur, proyecto del Consejo Suramericano de Defensa, Socialismo del Siglo XXI Continental); (ii) asegurar el acceso incondicional a los mercados, los suministros de energía y los recursos estratégicos (Anzoátegui es blanco por sus reservas energéticas y capacidad de producción); y (iii) garantizar la libertad de los mares, vías de tráfico aéreo, espacio sideral, control de la información y de las comunicaciones. Intereses que demandan la libre acción de sus organismos de inteligencia, la CIA y la agencia de inteligencia del Comando Sur principalmente, en todos los espectros y dimensiones de las naciones latinoamericanas.
Preservar sus intereses vitales es cuestión doctrinaria de su principios hegemónicos. Dentro de ellos se inscriben los conceptos estratégicos de guerra preventiva, proyección de poder, presencia de ultramar, sorpresa estratégica y dominio territorial. Todos enfocados a determinar que el peligro más serio que atenta en su contra es a lo que denominan las “amenazas asimétricas”. En el contexto de su seguridad nacional, la asimetría se refiere a la acción que el oponente presenta para maximizar su ventaja, lograr la iniciativa, ganar la mayor libertad de movimiento y explotar las debilidades del imperio. Amenaza asimétrica es para ellos, la ofensiva de los palestinos; la guerra de guerrillas que libra el pueblo de Irak; la guerra santa del jihad, las operaciones de resistencia como Hezbollah y la conciencia ideológica. También es amenaza asimétrica, la emancipación de los pueblos, el desarrollo avanzado de los países que forman parte de su mercado y la instauración de sistemas políticos diferentes a los sugeridos para la región, como es el caso de Venezuela con su revolución bolivariana.
El plan maestro VC 2020, los documentos Santa Fé, los planes del Comando Estratégico del Sur, el Plan Colombia repotenciado y sus derivados hacia Venezuela, las maniobras tácticas conjuntas con militares de países latinoamericanos, como por ejemplo los ejercicios conjuntos Gaucho-Gringo 2008 que se efectuaran en Argentina la próxima semana, todos responden a la concepción estratégica del dominio del espectro global.
En esta línea hegemónica y vista la rebeldía del conjunto de países latinoamericanos (Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Ecuador y posiblemente Paraguay) que apuntan a la emancipación de sus pueblos, al Comando Sur le asignan la tarea de reactivar la Cuarta Flota (desaparecida hace 50 años), como una fuerza naval en Latinoamérica para explotar el factor Psicológico y la coacción hacia los gobiernos que asumen posiciones soberanas y antiimperialistas. El propósito de la Cuarta Flota será preservar la seguridad continental, de acuerdo a lo señalado por el Almirante James Stravidis, quien muy claro lo dijo: “…servirá para enviarle un mensaje a toda la región, no sólo a Venezuela.”
Posturas que obedecen al paquete de intereses vitales, definidos unilateralmente desde la cúpula de la Casa Blanca. Tres de ellos son suficiente para relacionar la estrategia de dominio y sus planes militares: (i) prevenir la aparición de coaliciones regionales que sean hostiles a EE.UU. (Alba, Unasur, proyecto del Consejo Suramericano de Defensa, Socialismo del Siglo XXI Continental); (ii) asegurar el acceso incondicional a los mercados, los suministros de energía y los recursos estratégicos (Anzoátegui es blanco por sus reservas energéticas y capacidad de producción); y (iii) garantizar la libertad de los mares, vías de tráfico aéreo, espacio sideral, control de la información y de las comunicaciones. Intereses que demandan la libre acción de sus organismos de inteligencia, la CIA y la agencia de inteligencia del Comando Sur principalmente, en todos los espectros y dimensiones de las naciones latinoamericanas.
Preservar sus intereses vitales es cuestión doctrinaria de su principios hegemónicos. Dentro de ellos se inscriben los conceptos estratégicos de guerra preventiva, proyección de poder, presencia de ultramar, sorpresa estratégica y dominio territorial. Todos enfocados a determinar que el peligro más serio que atenta en su contra es a lo que denominan las “amenazas asimétricas”. En el contexto de su seguridad nacional, la asimetría se refiere a la acción que el oponente presenta para maximizar su ventaja, lograr la iniciativa, ganar la mayor libertad de movimiento y explotar las debilidades del imperio. Amenaza asimétrica es para ellos, la ofensiva de los palestinos; la guerra de guerrillas que libra el pueblo de Irak; la guerra santa del jihad, las operaciones de resistencia como Hezbollah y la conciencia ideológica. También es amenaza asimétrica, la emancipación de los pueblos, el desarrollo avanzado de los países que forman parte de su mercado y la instauración de sistemas políticos diferentes a los sugeridos para la región, como es el caso de Venezuela con su revolución bolivariana.
domingo, 20 de abril de 2008
II Caravana a Castillete
La II Caravana a Castillete la realizaremos entre el 02 y el 04 de Mayo. Para ello se va a cumplir la siguiente agenda:
1. Jueves 01 de Mayo: concentración en Maracaibo. Llegada, firmar el libro de asistencia, recibir las instrucciones de la Caravana, alojarse y preparase para cumplir el programa.
2. Viernes 02 de Mayo: Acto de recibimiento por parte de las Alcaldías del Estado Zulia que están involucradas en la actividad: Maracaibo, Páez, Mara y Almirante Padilla. A partir de allí se realizarán lo siguientes eventos: (i) análisis geopolítico de la zona de la Guajira por parte de la Primera División del Ejército; (ii) exposición sobre la vida socialista de las etnias indígenas; (iii) visita al Centro de Educación Popular (CEP) en la parroquia Santa Rosa de Agua; (iv) instrucciones finales acerca de la organización y normas de la caravana; y, (v) acto de solidaridad entre todos los asistentes.
3. Sábado 03 de Mayo: a partir de las 06:00 AM concentración en el sitio fijado para arrancar la Caravana hacia Castillete tomando la siguiente ruta: Maracaibo-Paraguaipoa (visita al Fuerte militar)-Cojoro (hasta aquí llegan los vehículos que no tienen doble tracción)-Laguna de Cocinetas (traslado en embarcación para atravesar la laguna)-Castillete (puesto de la GNB, caminata de 1.5 Kms hasta llegar a la cima de la colina). El tiempo de permanencia en la cima (Castillete) será de 3 horas aproximadamente. En ese lapso realizaremos: (i) la contemplación del paisaje (Golfo de Venezuela); (ii) leeremos la declaración de reafirmación de nuestra soberanía y denuncia sobre la desestabilización que promueve el Imperio para aniquilar al Proceso Revolucionario; (iii) efectuaremos alrededor del Hito No. 1 una rueda humana generadora de energía positiva dirigida al pueblo de Venezuela y en especial al Presidente de la República para estimular la agudeza del intelecto, fortalecer el coraje para los cambios estructurales de la sociedad venezolana y multiplicar la acción de buena voluntad de todo el colectivo nacional; (iv) fijaremos en la roca germinada de la ideología revolucionaria (en el lado venezolano del Hito No. 1) la placa grabada que testimonia la II Caravana del CFI a Castillete, seguida de la libre manifestación de quienes se sientan inspirados para expresar sus sentimientos. El regreso se hará alrededor de las 4 PM. Llegaremos a Maracaibo cerca de las 10 PM.
4. Domingo 04 de Mayo: concentración en Santa Rosa de Agua para finalizar el evento y realizar el acto de despedida. A partir de la 1 PM aproximadamente comenzará el retorno a nuestros sitios de origen.
Invitamos a todos los CFI, a quienes participaron en los cursos de capacitación para difusores, a los luchadores sociales, a los pensadores y a todos los revolucionarios de Venezuela a acompañarnos en esta Caravana. Para más información llamar por los teléfonos (0414) 247-9687 / (0412) 247-9687.
1. Jueves 01 de Mayo: concentración en Maracaibo. Llegada, firmar el libro de asistencia, recibir las instrucciones de la Caravana, alojarse y preparase para cumplir el programa.
2. Viernes 02 de Mayo: Acto de recibimiento por parte de las Alcaldías del Estado Zulia que están involucradas en la actividad: Maracaibo, Páez, Mara y Almirante Padilla. A partir de allí se realizarán lo siguientes eventos: (i) análisis geopolítico de la zona de la Guajira por parte de la Primera División del Ejército; (ii) exposición sobre la vida socialista de las etnias indígenas; (iii) visita al Centro de Educación Popular (CEP) en la parroquia Santa Rosa de Agua; (iv) instrucciones finales acerca de la organización y normas de la caravana; y, (v) acto de solidaridad entre todos los asistentes.
3. Sábado 03 de Mayo: a partir de las 06:00 AM concentración en el sitio fijado para arrancar la Caravana hacia Castillete tomando la siguiente ruta: Maracaibo-Paraguaipoa (visita al Fuerte militar)-Cojoro (hasta aquí llegan los vehículos que no tienen doble tracción)-Laguna de Cocinetas (traslado en embarcación para atravesar la laguna)-Castillete (puesto de la GNB, caminata de 1.5 Kms hasta llegar a la cima de la colina). El tiempo de permanencia en la cima (Castillete) será de 3 horas aproximadamente. En ese lapso realizaremos: (i) la contemplación del paisaje (Golfo de Venezuela); (ii) leeremos la declaración de reafirmación de nuestra soberanía y denuncia sobre la desestabilización que promueve el Imperio para aniquilar al Proceso Revolucionario; (iii) efectuaremos alrededor del Hito No. 1 una rueda humana generadora de energía positiva dirigida al pueblo de Venezuela y en especial al Presidente de la República para estimular la agudeza del intelecto, fortalecer el coraje para los cambios estructurales de la sociedad venezolana y multiplicar la acción de buena voluntad de todo el colectivo nacional; (iv) fijaremos en la roca germinada de la ideología revolucionaria (en el lado venezolano del Hito No. 1) la placa grabada que testimonia la II Caravana del CFI a Castillete, seguida de la libre manifestación de quienes se sientan inspirados para expresar sus sentimientos. El regreso se hará alrededor de las 4 PM. Llegaremos a Maracaibo cerca de las 10 PM.
4. Domingo 04 de Mayo: concentración en Santa Rosa de Agua para finalizar el evento y realizar el acto de despedida. A partir de la 1 PM aproximadamente comenzará el retorno a nuestros sitios de origen.
Invitamos a todos los CFI, a quienes participaron en los cursos de capacitación para difusores, a los luchadores sociales, a los pensadores y a todos los revolucionarios de Venezuela a acompañarnos en esta Caravana. Para más información llamar por los teléfonos (0414) 247-9687 / (0412) 247-9687.
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