sábado, 25 de febrero de 2017

El Comunismo en 2017 por William Izarra

Existe una obsesión (idea que con tenaz persistencia asalta la
mente) en los seres del mundo capitalista sobre el comunismo. La
intensa propaganda desplegada en el mundo occidental durante
el período de la Guerra Fría, la cual continuó con mayor empuje a
partir del Nuevo Orden Internacional de la globalización iniciado a
partir de la caída del Muro de Berlín, ha hecho del individuo un
ser alienado (estado mental caracterizado por una pérdida del
sentimiento de la propia identidad). La alienación como expresión
cultural de generaciones de seres humanos que se atan al mundo
capitalista ha sido un instrumento de dominio psicológico que ha
hecho al individuo de la modernidad y, ahora de la
postmodernidad globalizada, presa sumisa de los conceptos que
esa propaganda impone como verdad siendo la misma aceptada
sin ningún tipo de reflexión, meditación o verificación.

Cuando el centro de dominio del mundo capitalista asume la
confrontación contra el incipiente mundo socialista que
comenzaba a emerger después de la II Guerra Mundial dispuso
de su capacidad maligna impregnada de rapacidad, sometimiento
y opresión para inventar realidades, ninguna verdadera o al
menos manipulada esa verdad parcializada, y crear fantasmas
(figuraciones de la imaginación) acerca de un modo de vida
diferente al generado por el consumo y sus leyes de la
maximización de la ganancia (razón del capitalismo). El
comunismo era entonces visto desde la óptica del capital como lo
antagónico a democracia, felicidad, libertad y justicia. Era
dictadura, opresión, subyugación del pueblo, sometimiento al trato
cruel, inhumano y extirpador de sueños y disfrute pleno. El
comunismo era el infierno; mientras que el capitalismo era el
cielo.

Pues bien, de allí devino la deformación del comunismo que ha
sido permanente, incrustándose en la mente de generaciones
humanas para que se asuma (consciente o inconscientemente)
como un mal del mundo al cual hay que repudiar, refutar y negar.
En Venezuela esa cultura de la alienación y, en consecuencia el
concepto de comunismo, generaliza el anticomunismo, y lo
asume como una postura ante el mundo y la vida; la cual sigue
viva con mucha fuerza al interior del ser. Postura que demuestra,
por un lado, ignorancia masiva de una gran proporción del
colectivo nacional, que incluye a contingentes de rojos y rojitos
aún alienados; y por el otro, la propaganda anticomunista se
convierte en un factor de estímulo a la lucha contra la Revolución
Bolivariana la cual es interpretada por la contrarrevolución (inculta
la mayoría) como una copia de la experiencia comunista cubana.

En si, al investigar sobre el concepto político de comunismo
tomamos para efecto de este corto artículo la siguiente
conceptualización: “modo de interpretar y hacer la historia de un
pueblo como lucha de clases regida por el materialismo histórico
o dialéctico, que conducirá, tras la dictadura del proletariado, a
una sociedad sin clases ni propiedad privada de los medios de
producción, en la que haya desaparecido el Estado”. Este
concepto en bruto sin otro tipo de consideraciones lo tomó el
centro dominante para desvirtuarlo e imponer de manera
deformada sus propias visiones interesadas en preservar la
esencia del mundo occidental sin influencia de ningún modo de
vida diferente al suyo.

Sin embargo, en la práctica de la política actual en nuestro país y
con base en nuestra identidad y fundamentándonos en los ideales
de los libertadores del siglo XIX, e integrándolos a nuestros
propios pensamientos criterios, juicios e ideas, el comunismo hoy
en día en el siglo XXI lo interpreto como el modo de vida que se
fundamenta en la espiritualidad (razón política de energía
morfogenética para luchar por transformar el mundo) del ser para
organizar a la sociedad en componentes comunitarios que buscan
alcanzar el Bien Común (racionalidad de justicia), la producción
socialista y el poder popular expresado por vía del autogobierno.
Es también comunismo el amor al prójimo (lazos de afectos
surgidos del espíritu de cuerpo) y la buena voluntad del individuo
para solidarizarse en las tareas colectivas de los componentes
comunitarios. Es además, buscar la sustitución del modo de vida
capitalista por el modo de vida socialista y, en consecuencia,
generar el cambio de estructura (nueva génesis) que conciba:

(i) transmutar las relaciones de producción cuyo fin no sea el
mercado sino la satisfacción del Bien Común del colectivo para el
buen vivir y la colectivización de la propiedad de los medios de
producción;

(ii) cambio en las relaciones de poder que asuma como
primera instancia de poder la asamblea popular organizada desde
los colectivos de base cuya razón fundamental de existir sea el
individuo y no la mercancía del capital;

(iii) cambio en las relaciones sociales entre los seres del
colectivo nacional para estructurar la sociedad socialista
desalienada y culturalmente emancipada. La sociedad de la
Patria, de la Patria Grande y del legado de nuestros libertadores.

"El comunismo EN 2017” es una respuesta al grupo de
contrarrevolucionarios que dicen en las redes sociales y a menos
de 24 horas del llamado a protestar  que “a los
comunistas del gobierno hay que quitarles la bandera nacional a
carajazos”. Por eso digo, repito y lo siento en mi corazón,
conciencia y alma viva el comunismo hoy y siempre. 

Comunista seremos hasta la muerte.