domingo, 29 de diciembre de 2013

Comuna o Nada de José Ignacio Bombace (tomado de Rebelión)


Escribo esta breve reflexión en la linda mañana del viernes 27 de diciembre del 2013. Un soleado y fresco Carvajal me hace sentir feliz al sacar cuentas y concluir que tendremos mas de 20 meses sin elecciones ni campañas electorales, ¡mas de 20 meses! Luego de 4 elecciones en 14 meses pasar 20 meses sin elecciones es lo que todo revolucionario esperaba, ¡ya no hay excusa!

Y ese creo yo que es el punto mas importante de nuestras contradicciones, hablo acerca de las elecciones, de la legitimación del poder constituido y del esquema de representatividad que duerme conciencias y zombifica a las bases populares que, inmersas en el carnaval pintoresco electoral, descuidan (y descuidamos) lo que realmente debe importar dentro de una revolución: el autogobierno local, el poder popular. No perdamos nuestra meta Camaradas que es el establecimiento del Estado Comunal. Solo el pueblo salva al pueblo.

No nos engañemos las elecciones son un arma de doble filo, donde por un lado afianzamos y legitimamos ante el mundo la aceptación del proceso revolucionario por parte de la mayoría del pueblo venezolano, pero lamentablemente a la vez, remarcamos en el sub conciente popular la necesidad imperativa de la representatividad. Recordemos: La muerte del capital depende del éxito de la consolidación del poder popular, el socialismo no se decreta sino que se construye.

Una pregunta digna para la reflexión interna en el marco de este calendario que nos ha tocado vivir sería: ¿somos revolucionarios de construcción de poder popular o somos revolucionarios de elecciones? Ahora, otra verdad es que fue el propio Comandante Chávez el que avivó mas la fogata electoral, ¿y que debimos hacer, apartarnos del carnaval electoral y dejar solo al Comandante?

Las revoluciones democráticas son difíciles, extremadamente complejas. Depender de elecciones para mantener el poder y el cause de la revolución bolivariana obligan al poder constituido a ejercer populismo desmedido, a convertir al pueblo en mantenido del estado. Esto es altamente peligroso y podría condenar electoralmente en algún momento a la revolución. Necesario es marcar el punto de no retorno, y eso no se hace con elecciones sino consolidando un poder popular tan consciente, disciplinado y productivo que remueva las bases del sistema social y mercantil imperante desde hace siglos.

Somos una sociedad de cómplices, de explotadores y explotados, de vivos y pendejos, de poder constituido y poder constituyente. Trascender de esta cultura inhumana prevaleciente desde hace siglos, con conductas casi insertas en nuestros genes pareciese un imposible, un sueño. Nadie nos impide soñar y solo nosotros ponemos las barreras de nuestras acciones.

Al punto que quiero llegar es que la evolución cultural viene intrínsicamente relacionada con la demolición del sistema totalitario mercantil, y la sustitución del mismo por un nuevo sistema económico donde las relaciones de producción sean coherentes con el cambio cultural. Entonces para ser coherentes con el planteamiento del comandante Chávez, con el plan de la patria y con el momento histórico que nos exige dichos cambios, la única vía posible e inmediata es jugarse el todo por el todo con el poder popular, desarrollar comunas (no decretarlas) y realizar desde las mismas experiencias tangibles (productivas y culturales) que se contrapongan totalmente a las actualmente existentes. Es necesario demostrar en la práctica que el estado comunal es posible, y no solo que es posible, sino que es la alternativa mas humana ante el sistema depredador capitalista. Para ser coherentes con Chávez nuestro lema debe ser comunas o nada,

Hablar de nuevas relaciones de producción trae siempre peleas, controversias. O te catalogan de come flor, o de comunista ortodoxo o simplemente de loco. Sin nuevas relaciones de producción estaremos enmarañados en medio de un estado socialdemócrata, con organizaciones políticas electoralistas y un gobierno unilateral netamente reformista y populista. Necesario es desde la práctica vivencial, organizativa y productiva en comunas, generar nuevos esquemas de participación y organización de nuestro pueblo, tallar con nuestras propias manos las respuestas prácticas y reales a las preguntas: ¿Con que se come eso de direcciones colectivas? , ¿Es posible establecer nuevas relaciones de producción? , ¿Responde a la necesidad popular una producción comunal? , ¿Necesitamos realmente de un estado paternalista?

La revolución en una camionetota o dentro de oficinas con aire acondicionado es el objetivo de los nuevos adecos disfrazados de rojo. Yo apoyo al tocayo Stalin: la socialdemocracia es la pata izquierda del fascismo. O nos definimos y aprovechamos este periodo no electoral para la profundización de la revolución y la construcción práctica y real de experiencias comunales exitosas, o comencemos a avizorar “buenos candidatos” para otras elecciones.

Ahora más que nunca: ¡PATRIA O MUERTE! ¡COMUNAS O NADA!